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Meditación diaria

Preparación para el valle

Leer | 1 Pedro 4.12-19

1 de abril de 2015

El propósito principal de una experiencia en la cumbre es prepararnos para el valle. Es por eso que no podemos permanecer en la cima. Cuando Pedro, Jacobo y Juan bajaron del monte de la Transfiguración (Mt 17.1-9) encontraron muchas dificultades que al final les llevaron a ver al Señor colgado en una cruz.

Por mucho que podamos anhelar permanecer en la cima, Dios no nos mantiene allí; al final, tenemos que volver a las vacías y polvorientas planicies de la vida. Su intención es que seamos fortalecidos por la adoración a Él y por su Palabra  —para seguir con nuestra rutina del lunes, preparados para dejar una huella en los demás. Si Jesús caminara entre nosotros hoy, pasaría su tiempo en las calles, en las esquinas y en los lugares donde pocos de nosotros, por nuestro orgullo, quisiéramos ser vistos.

Los tres discípulos, sin duda, habrían querido permanecer con el Señor en la montaña, pero ese no es el propósito de una euforia espiritual. El objetivo es que Dios pueda revelarse a nosotros de una manera nueva. Para ello, nos prepara para regresar a los lugares donde tenemos que enfrentar las tareas que preferiríamos evitar. Las realidades de la vida no son para evadirlas. Dios quiere que aprendamos a vivir cada día bajo la dependencia de su Espíritu.

El Señor estaba utilizando el tiempo en la cumbre con el fin de preparar a Pedro, Jacobo y Juan. Cuando Dios nos lleva a una cumbre, no lo hace con la intención de que nos quedemos allí. Él da experiencias espirituales especiales para fortalecernos y hacernos más eficientes al involucrarnos en la vida real.