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Meditación diaria

¿Necesidad o deseo?

Leer | Romanos 8.32

22 de noviembre de 2014

En Filipenses 4, Pablo declara: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (v. 19). Cuando leemos ese pasaje y lo aplicamos a nuestra vida diaria, debemos tener el cuidado de interpretarlo correctamente.

Primero necesitamos entender la diferencia que hay entre necesidades y deseos. Una necesidad es algo indispensable para llegar a ser las personas que Dios desea que seamos, o para llevar a cabo las cosas que nos ha llamado a hacer. Por otra parte, un deseo es algo que creemos que nos traerá alegría a la vida. La palabra clave aquí es alegría, que se refiere a un placer temporal; nos inclinamos a desear cosas que nos traigan felicidad por un tiempo, pero que luego se desvanecen.

Es importante señalar que no hay absolutamente nada malo en tener un deseo, siempre y cuando esté dentro de la voluntad de Dios. Él es un Padre tierno y maravilloso que se deleita en derramar con abundancia su gracia sobre nosotros (Mt 7.11). Sin embargo —y esto es muy importante— debemos recordar que Dios nunca promete suplir todos nuestros deseos. Él, sin duda, nos concede muchos de ellos, pero solo a su discreción y para su propia gloria. Así pues, si usted no puede tener la casa que desea, por ejemplo, eso no es una indicación de que Dios no sea fiel.

¿Qué necesita usted para llegar a ser la persona que Dios le ha llamado a ser? ¿Qué desea que le ayudará a tener más alegría en la vida? Mantenga una lista de ambas cosas, y haga de las dos categorías una parte regular de su vida de oración.