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Una gran bienvenida


Juzgar a otros y tener preferencias pueden ser conductas humanas naturales, pero no tienen lugar en la casa de Dios.

 

Un historiador de la iglesia cuenta una tradición que surgió entre ciertas congregaciones primitivas. Cada vez que un miembro de la comunidad entraba para adorar, un ujier lo saludaba y se ocupaba de lo que le hiciera falta. Pero si un extraño cruzaba la puerta (y más aun si era un extraño pobre), el obispo se levantaba de su asiento e iba rápidamente a la entrada para darle una cordial bienvenida y demostrar así amistad a alguien que había sido marginado por la sociedad.

Aunque no sabemos qué tan extendida estaba esta práctica, la motivación detrás de ella provenía de la esencia misma de la fe cristiana. Últimamente, el estudio bíblico que tengo cada mañana ha sido sobre el libro de Hechos. Entretejido en estas excelentes historias del cristianismo está el surgimiento de la iglesia que contrasta con las poderosas normas sociales de la época. Los que eran desechados por la sociedad romana o judía (los pobres, enfermos, débiles, extraños) eran recibidos con entusiasmo en la comunidad de los seguidores de Jesús. El tema continua a lo largo del Nuevo Testamento, donde encontramos iglesias poniendo en práctica la insistencia del Señor en cuanto al compañerismo con los pobres, extranjeros y marginados.

Lea Santiago 2.1-13

Este imperativo del evangelio explica el porqué Santiago se preocupó tanto cuando se enteró de que en algunas iglesias le estaban dando preferencia a los ricos. Los líderes de esas iglesias daban especial atención a la persona que entraba con “anillo de oro y ropa espléndida”, pero cuando entraba “un pobre con vestido andrajoso” era dejado a un lado (Stg 2.2, 3).

Por desgracia, este mismo escenario se ha estado repitiendo a lo largo de la historia: los pobres son criticados, mientras que los ricos acumulan más poder y reciben más atenciones. Es por esto que las Escrituras, desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo, anuncian que Dios levanta al pobre. Él busca a los empobrecidos, a los que son dejados a su suerte, y a quienes han sido oprimidos. Dios es verdadero amigo de los pobres (Lc 4.16-21; Sal 140.12).

Esta es una buena noticia para todos nosotros, porque todos, de alguna manera, somos pobres. Santiago pensó primero, sin duda, en los desposeídos económicamente, pero la palabra pobre tiene un significado amplio en la Biblia. En un mundo caído somos pobres en un sinfín de maneras. Podemos sentir aflicción, dolor o sentimientos de culpa desgarradores. Podemos, también, estar inmovilizados por la poderosa mano de la soledad. Podemos sentir temor por no saber si tendremos algo de dar de comer a nuestros hijos, o si algún día tendremos hijos que podamos llamar nuestros. No importa de qué forma sea usted pobre, reciba esta palabra del evangelio: Dios le ha elegido. Como dice Santiago: “¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Stg 2.5).

Puesto que Dios ha ordenado que se dé una gran bienvenida a todos los que somos marginados, y dado que la muerte y la resurrección de Jesucristo crean una nueva humanidad, Santiago no podía entender por qué se seguía juzgando y teniendo favoritismo. La iglesia es el lugar donde nuestras diferencias externas dejan de ser barreras y donde Dios nos da la bienvenida a todos.

Para Santiago, esta referencia a “Cristo” era muy importante (v. 1). Esencialmente nos está preguntando: ¿Recuerdan que el Señor es quien manda aquí? ¿Cómo pueden ustedes tener favoritismo, cuando Jesús es el Rey? El favoritismo era la negación explícita de la autoridad de Cristo y de su mandato: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (v. 8).

La iglesia es el lugar donde los extraños son amigos; donde todos son bienvenidos y donde todo el mundo encuentra amistad. Allí, los humildes son exaltados, y los desposeídos reciben abundancia. Quienes han sido dejados a un lado son sentados en un lugar especial en la mesa del Rey.

REFLEXIONE + EXPLORE

• Un antídoto contra la condescendencia y la discriminación es el reconocimiento de que todos estamos necesitados de que Dios llene nuestro corazón.

• Lea Mateo 5.1-12, las primeras palabras del Sermón del monte de Jesús. Note las muchas clases de luchas, impotencia y vulnerabilidad; el pasaje es una letanía de las muchas maneras en que las personas necesitan de la gracia y el toque sanador de Dios. ¿En cuál de estas áreas está usted necesitado?

• Lea de nuevo Mateo 5.1-12, y esta vez preste atención a cómo Dios interviene en favor de cada persona. ¿Qué puede significar la palabra “bienaventurados”? ¿Cuáles son las implicaciones para nosotros cuando nos damos cuenta de que todas las personas son bendecidas por el mismo Dios, y de que encuentran esperanza y sanidad en su amoroso rescate?

• Santiago nos recuerda que Dios derriba las barreras y crea una nueva comunidad inclusiva. Lea Hechos 2.42-47. ¿Cómo ve usted demostrado entre los seguidores de Jesús este evangelio de amistad y aceptación, sin diferenciación de clase social, etnicidad o sexo?

RESPONDA

• ¿Dónde ve usted favoritismo, prejuicios o temor en su vida? Pregúntele a Dios cómo quiere Él que el poder de Jesús, el Rey de nuestras vidas, derribe esas barreras.

• ¿De qué manera puede el Señor estar llamándole a relacionarse con otra persona? ¿De qué manera está demostrando amar al prójimo como a usted mismo?

 

1 comments
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  • February 09, 2014 06:56 PM

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    Todos necesitamos ser aceptados como seres humanos k somos ; Dios no hace Ecepcion de personas, Me entristece ser rechazada o ser excluida. eso me lastima. Muchas ocasiones inicia en casa. luego en la escuela y trabajos.

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