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Abril 2015

Apreciado(a) colaborador(a):

¿Ha dejado usted de maravillarse por la Resurrección de Jesús? Cada Semana Santa, leemos pasajes de la Biblia que hablan de ella, cantamos himnos y escuchamos predicaciones que la explican. Después de escuchar una y otra vez este mensaje, la familiaridad del relato puede hacer que veamos a la Resurrección simplemente como una historia más de las muchas acerca de Jesús. Pero este fue el acontecimiento más importante de la historia. Si Jesús no resucitó, entonces tendríamos que reconocer que el poder de Dios no es superior al de la muerte. ¿Dónde, entonces, estaría nuestra esperanza? Todos moriríamos en nuestros pecados, y sufriríamos la separación eterna de Dios (1 Co 15.17).

Es por eso que me gustaría que usted piense en el impacto inigualable de la Resurrección de Cristo. ¿Cómo fue para sus seguidores? ¿Cómo afectó al mundo física, religiosa y culturalmente? Creo que el relato bíblico en Mateo 28.1-8 puede ayudarnos a ver este evento maravilloso con nuevos ojos. Un hecho que muchas veces se pasa por alto es el temblor que sacudió físicamente al mundo cuando Jesús resucitó (v. 2). Es interesante, también, que la Tierra había sido sacudida pocos días antes, cuando Él murió (Mt 27.50, 51).

Pero la tierra no fue lo único trastornado ese día. También fue el comienzo de un terremoto religioso y cultural que afectó a todo el mundo antiguo, cuyas réplicas estamos sintiendo todavía hoy. Ni los líderes judíos ni los gobernantes romanos fueron capaces de explicar lo que pasó con el hombre que ellos habían crucificado, y que ya no estaba en la tumba. Cuando el velo del templo se rasgó en el momento de la muerte de Jesús, Dios indicó con esto que ya no se necesitaban más sacrificios, porque Jesús había sido el Cordero de Dios que murió por los pecados una vez y para siempre (He 10.12). Después que Cristo ascendió al cielo, dejando a sus discípulos para que difundieran la noticia de su muerte y Resurrección, muchos de los judíos creyeron en Él, junto con un gran número de sacerdotes (Hch 6.7). Pero esta nueva religión radical del cristianismo no quedó reducida a Israel. Poco después, los apóstoles esparcieron el mensaje del Señor Jesús en todo el Imperio Romano. En un momento, fueron acusados incluso de trastornar al mundo con su mensaje (Hch 17.6).

Por ser esto tan maravilloso, el impacto de la Resurrección ha llegado más allá de las esferas religiosas, directamente a los corazones de las personas. Ahora bien, es posible que en el momento de nuestra salvación no hayamos entendido la magnitud de todo lo que ocurrió cuando Jesús se levantó de los muertos. Recuerdo cuando acepté a Cristo como mi Salvador a la edad de doce años; todo lo que sabía era que Él había perdonado mis pecados. Sin embargo, esa decisión cambió mi destino para siempre, tanto en esta vida como para la eternidad.

La Resurrección, que sucedió hace tanto tiempo, sigue moldeando nuestras vidas hoy. El primer impacto tiene lugar cuando creemos el testimonio de la Palabra de Dios, y le pedimos al Señor que perdone nuestros pecados. En realidad, sin la muerte y Resurrección de Jesús, no tendríamos ninguna esperanza de perdón. Dios no puede simplemente dejar pasar la condena por nuestros pecados. Pero Jesús tomó sobre sí el castigo que merecíamos cuando sufrió y murió en la cruz. Su Resurrección fue la prueba de que el Padre celestial había quedado satisfecho con el pago que Él hizo por los pecados de la humanidad (Ro 4.25). Sin la muerte y Resurrección de Cristo, no habría ninguna base para recibir el perdón y la esperanza de los cielos.

Segundo, también se nos ha dado una nueva vida en Jesucristo. El apóstol Pablo dice que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él, y que hemos sido resucitados para andar en novedad de vida (Ro 6.4-6). Esto significa que podemos elegir abstenernos de las viejas prácticas pecaminosas que antes nos tenían cautivos. La clave para esta nueva vida se encuentra en la entrega. Cuando dejamos que Cristo reine en nuestra vida, Él vive a través de nosotros, haciendo su voluntad y demostrando su carácter en nuestro interior.

Tercero, recibimos el Espíritu Santo, que nos da poder. No hay manera de que podamos vivir la vida cristiana con nuestras propias fuerzas. Pero en el momento de la salvación, recibimos el Espíritu de Dios para manifestar la vida de Cristo en nosotros. Piense en lo que esto significa. El Espíritu que resucitó a Jesús a la vida está morando dentro de nosotros, permitiéndonos llegar a ser lo que Él desea que seamos, y para que llevemos a cabo todo lo que Dios quiere que hagamos (Ro 8.11). Al rendirnos a Él, el Señor produce su fruto en nosotros (Gá 5.22, 23). Además, Él nos ha dado dones espirituales para ayudarnos a servirle y cumplir su voluntad (1 Co 12.7).

Finalmente, gracias a la Resurrección de Cristo, hemos llegado a ser parte de un gran movimiento misionero. Cada creyente ha sido llamado a anunciar el mensaje del Salvador resucitado a un mundo incrédulo, ya sea de manera personal o por medio de una iglesia o de una organización misionera (Hch 1.8). Cada uno de nosotros tiene un testimonio para comunicar, y Dios nos ha puesto en nuestros hogares, lugares de trabajo y ciudades para ser sus testigos. El evangelio que anunciamos es el único mensaje con el poder de cambiar el destino eterno de una persona.

Nunca subestime la manera como el Señor quiera utilizarle. Hoy es un buen día para que rinda plenamente su vida a Cristo. Permita que Él le llene de nuevo con su vida, y así su testimonio sea una luz brillante que dirija a los demás a Él.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P.D. Adjunto se encuentra una tarjeta que espero que usted pueda darle a algún amigo o ser querido que no conozca al Señor. También puede ser útil para usted, si tiene alguna duda en cuanto a su relación con Cristo. Mi oración es que usted y su familia tengan una bendecida Semana Santa, al dejar que la maravilla de la Resurrección llene sus corazones. Que cualquier carga que tengan sea quitada y que su esperanza se renueve sabiendo que Jesús ha vencido a la muerte por nosotros, y que ha prometido que seremos resucitados a la vida.