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Noviembre 2014

Apreciado(a) colaborador(a):

El Día de Acción de Gracias es un día muy especial en el que podemos contar nuestras bendiciones, y dar gracias a Dios por su cuidado y provisión. No obstante, es posible que nos resulte más fácil ser agradecidos en algunos momentos que en otros. Cuando la vida está llena de dificultades y de oraciones no respondidas, ¿no es consolador saber que el Señor entiende nuestra aparente ingratitud? Si usted o alguien que conoce tiene dificultades para estar agradecido este año, porque piensa que sus oraciones no han sido contestadas, deseo brindarle un poco de esperanza.

Si experimentamos tiempos en los que nos parece que el silencio es la respuesta del cielo a nuestras oraciones, es posible que eso se deba a dos razones. En primer lugar, puede ser que nuestras peticiones no estén de acuerdo con la voluntad de Dios. Él tiene un plan particular para cada uno de sus hijos, y está involucrado personalmente en lograr que ese plan se cumpla. En segundo lugar, es posible que nuestras oraciones no estén basadas en las promesas de su Palabra. Por eso es importante que nos familiaricemos con las Sagradas Escrituras. Así, cada vez que encontremos promesas que se apliquen a nuestra vida, podremos pedirlas con confianza y darnos cuenta de lo fiel que es nuestro Señor.

Al comenzar mi trabajo como pastor, me sentía muy incompetente para enfrentar las responsabilidades que Dios me había confiado. Al mismo tiempo que pastoreaba mi primera iglesia, me estaba preparando para enseñar en un instituto bíblico. Recién graduado del Seminario, necesitaba desesperadamente la ayuda del Señor. Por tanto, en obediencia a sus instrucciones en Efesios 5.18, le pedí que “me llenará de su Espíritu”. Sin embargo, todavía no me sentía muy seguro hasta que leí 1 Juan 5.14: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye”. Toda mi búsqueda me había llevado a una sencilla conclusión: Podía confiar en que las promesas de Dios son también para mí.

Esta es la misma lección que aprendió Abraham. El Señor le dio algunas promesas maravillosas, pero tuvo que esperar un tiempo largo para ver las respuestas. De hecho, vivió la totalidad de su vida sin ver el cumplimiento final del pacto que Dios hizo con él.

La experiencia de Abraham pone de manifiesto algunos principios básicos que nos pueden ayudar a tener un corazón agradecido, en medio de la frustración por las oraciones no respondidas.

En primer lugar, las promesas de Dios están claramente expresadas en su Palabra. En Génesis 12.1-3, el Señor le habló directamente a Abraham; le prometió que haría de él una nación grande, y que todos los pueblos de la Tierra serían bendecidos por medio suyo.

Hoy tenemos su Palabra escrita, que está llena de promesas. ¿Tiene usted algunas promesas bíblicas que le sirven de guía y de ancla en medio de las tormentas de la vida? Cuando vengan los problemas, usted podrá decir con confianza: “Señor, esto es lo que dices en tu Palabra, y voy a creer y confiar en ti”.

En segundo lugar, el Señor da orientación junto con sus promesas. Cuando Dios le dijo a Abraham que saliera de su tierra, prometió que le mostraría a dónde ir (v. 1). El Señor no quiere que demos tumbos en la oscuridad, tratando de descubrir su voluntad. Él se ha comprometido a darnos instrucciones y dirección por medio de su Palabra y de su Espíritu, y por eso podemos caminar confiadamente en su voluntad (Sal 119.105; Jn 16.13).

En tercer lugar, el cumplimiento de las promesas de Dios puede parecer imposible desde nuestra perspectiva. Cuando el Señor le dijo que haría de él una nación grande (Gn 12. 2), Abraham tenía una buena razón para demostrar escepticismo, ya que ni él ni Sara tenían hijos. Y la imposibilidad aumentaba con el paso de los años. Para el momento en que Isaac finalmente nació, Sara tenía 90 años y Abraham 100. ¿Aparenta ser su situación ilógica, tal como la de ellos? ¿Está usted dispuesto a esperar el tiempo perfecto de Dios?

En cuarto lugar, se requieren fe y obediencia antes de que el Señor cumpla sus promesas. La prueba más grande en la vida de Abraham le sobrevino cuando Dios le pidió que sacrificara a Isaac (Gn 22.1-3). ¿Cómo podría el Señor cumplir su promesa de hacer de él una nación grande si Isaac moría? Sin embargo, a pesar de la evidente contradicción, Abraham obedeció, creyendo que Dios levantaría a Isaac de entre los muertos si era necesario (He 11.17-19.). Cuando levantó el cuchillo para matar a Isaac, el Señor intervino y proveyó un carnero como sustituto (Gn 22.10-13).

La historia de Abraham nos enseña que el Señor cumple sus promesas, pero no siempre de acuerdo con nuestras expectativas en cuanto a cómo y cuándo. Es posible que usted no entienda lo que el Señor está haciendo este momento en su vida, pero puede aprender del ejemplo de fe y obediencia de Abraham. Si usted centra sus expectativas en la voluntad del Señor, y amplía su perspectiva para incluir la eternidad, la gratitud llenará pronto su corazón.

Me gustaría animarle en este tiempo de Acción de Gracias a recordar las veces que experimentó la fidelidad de Dios. ¿Qué promesas de la Palabra ha cumplido Él en su vida? Al considerar todas las bendiciones que el Señor le ha dado, haga una pausa para darle gracias. Luego, permita que esas experiencias le impulsen a creerle a Dios en sus circunstancias actuales.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P. D. Puedo decirle, en verdad, que aquí en Ministerios En Contacto le tenemos a usted como una de las bendiciones más grandes que Dios nos ha dado. Muchísimas gracias por ayudarnos a alcanzar al mundo para Cristo. Le deseo a usted y a sus seres queridos un muy feliz Día de Acción de Gracias.