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Diciembre 2014

Apreciado(a) colaborador(a):

Al acercarse el fin del 2014, y tener a la vista el 2015, mis pensamientos giran en torno a un tema muy arraigado en mi corazón —la iglesia. No estoy hablando solo de la Primera Iglesia Bautista de Atlanta, sino del cuerpo de Cristo, que está compuesto por creyentes en todo el mundo. Con tantas amenazas internas y externas en estos días, mi oración es que las congregaciones locales sean fortalecidas para que puedan seguir siendo faros de luz en un mundo en tinieblas.

Pero ¿qué hace fuerte a una iglesia? No podemos decirlo al ver su edificio o incluso el número de personas que asisten. Hace unos años viajé a una ciudad nueva para mí, y vi tres edificios de iglesias que habían sido convertidos en un banco, una biblioteca y una tienda. No puedo dejar de preguntarme qué las hizo cerrar, y cómo podemos evitar que esto suceda a más iglesias. Por tanto, veamos cómo podemos hacer que nuestras iglesias locales sean los lugares por medio de los cuales Cristo puede hacer su obra.

La primera característica de una iglesia fuerte es la presencia de una enseñanza doctrinalmente sana basada en la verdad bíblica (2 Ti 4.1-3). Ahora bien, esto no significa que todos estaremos siempre de acuerdo en la interpretación de cada pasaje, ya que nadie puede atribuirse claridad absoluta en todos los temas. Sin embargo, hay suficientes verdades claramente reveladas en las cuales podemos estar de acuerdo. La responsabilidad que usted tiene es examinar lo que se enseña, y confrontarlo con la Palabra de Dios. Esto le protegerá del engaño, y le ayudará a reconocer si un mensaje es sano doctrinalmente, o si está basado simplemente en sentimientos, opiniones o preferencias.

En segundo lugar, una iglesia fuerte hace énfasis en la fe y la oración. Cada domingo, mientras predico, un grupo de hombres se reúne para orar por el servicio, pidiendo al Espíritu Santo que me dé poder, y que obre en los corazones de quienes asisten (Ef 6.18, 19). Cuando una congregación está llena de personas así, que conocen la Palabra de Dios y creen que Él hará lo que ha prometido, sus oraciones son efectivas y poderosas. Pero esto no solo es la tarea de un grupo, es también una tarea personal. Si todos andamos por fe y nos dedicamos a orar, el poder del Espíritu fluye a través de nosotros y, como resultado, las iglesias a las que asistimos son fortalecidas.

Una tercera característica de una iglesia fuerte es la adoración que exalta a Dios y el compañerismo. Aunque podemos adorar en privado, hay algo especial al reunirnos con otros creyentes para cantar alabanzas al Señor y estudiar su Palabra (Col 3.16). Pero todos tenemos la responsabilidad de preparar nuestros corazones de antemano para escuchar lo que el Señor quiera decirnos.

La cuarta cualidad de una iglesia fuerte es un pueblo que sirve en el poder de sus dones espirituales. El Espíritu Santo ha dado capacidades particulares a cada creyente, que les permiten servir al cuerpo de Cristo (1 Co 12.4-7). Nos necesitamos unos a otros para poder funcionar adecuadamente. Si descubrimos y utilizamos nuestros dones espirituales, no solo seremos más efectivos en nuestro servicio, sino también experimentaremos el gozo de hacer aquello para lo cual fuimos creados.

Para entender mejor este asunto, consideremos un ejemplo cotidiano, utilizando algunos de los dones espirituales que Pablo menciona en Romanos 12.6-8. Supongamos que invito a un grupo de personas a mi casa para una rica cena, pero durante la comida dejo caer el vaso de té, que cae en el piso y se rompe. La persona que tiene el don de misericordia dice de inmediato: “Oh, lo siento mucho”. La que tiene el don de servicio responde limpiando el desastre. El huésped con el don de liderazgo me aconseja cómo manejar la situación, y la persona que tiene el don de dar me ofrece enseguida comprar un vaso nuevo para regalármelo. El que tiene el don de la profecía me dice las consecuencias de mi accidente, y el que tiene el don de exhortación me dirá que ponga el vaso más lejos del borde de la mesa. Así es como debe funcionar en la iglesia —trabajando todos juntos con nuestros dones particulares para llevar a cabo la obra de Dios.

En quinto lugar, en una iglesia fuerte todos sus miembros están unidos en espíritu. Aunque el cuerpo de Cristo se compone de personas con diversas opiniones, preferencias y convicciones, estamos llamados a vivir en unidad de acuerdo a nuestra fe común en el Hijo de Dios (Ef 4.13). Es por eso que debemos estar alertas para evitar que las diferencias individuales nos dividan. No importa cuán diferentes seamos, nuestro objetivo debe ser amarnos, ayudarnos y fortalecernos unos a otros (Col 3.12-15).

Por último, la sexta característica de una iglesia fuerte es la visión de alcanzar a un mundo perdido. Cuando el cuerpo de Cristo está comprometido con esta tarea, el Señor ofrece oportunidades para que sus hijos anuncien el mensaje de salvación, y para que hagan discípulos (Mt 28.19, 20). Jamás habría imaginado hace más de treinta y cinco años, que el evangelio que predicamos alcanzaría a todo el mundo por medio de Ministerios En Contacto. Pero todavía existimos hoy para ofrecer la verdad de la Sagrada Escritura a todo el que quiera escucharla. Y al pensar en el futuro, nuestro objetivo es seguir traduciendo el mensaje de Cristo al mayor número de idiomas posible.

Al contemplar usted las metas que tiene para el nuevo año que se acerca, ¿quisiera comprometerse a fortalecer a su iglesia local aplicando personalmente cada una de estas cualidades a su propia vida? No solamente usted será transformado, sino que el Señor también honrará su decisión y le usará para inspirar y motivar a otros. Una iglesia fuerte no es resultado de la casualidad; comienza con personas comprometidas como usted.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P.D. Ministerios En Contacto valora y aprecia sinceramente su apoyo fiel para ayudarnos a cumplir con el objetivo de fortalecer a las iglesias locales y a las personas de manera individual. Adjunto encontrará algunos ejemplos de cómo el Señor ha utilizado nuestro ministerio para transformar las vidas de muchas personas. Gracias a la fidelidad de Dios en el pasado, podemos confiar en Él en cuanto al futuro. Aguardo con gran optimismo lo que el Señor hará en el 2015.