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Marzo 2015

Apreciado(a) colaborador(a):

Ha pasado alguna vez por tiempos difíciles en los que ha clamado al Señor, y ha sentido que Él no ha respondido? Las pruebas pueden ser bastante dolorosas, pero para un cristiano, el aparente silencio de Dios ante el sufrimiento, puede ser peor. ¿Dónde está Dios? ¿Por qué no me ayuda? ¿Cómo podemos reconciliar nuestra angustia continua, con el hecho de que Él es “el Padre de misericordias y el Dios de toda consolación, y el que nos consuela en todas nuestras tribulaciones” (2 Co 1.3-4)?

Permítame sugerir que el problema no es que el Señor no esté respondiendo a nuestras suplicas, sino que nosotros no siempre entendemos las maneras en que Él nos consuela. Por lo general, queremos que Él nos consuele librándonos de la tribulación y el dolor. Pero no siempre es esa la forma en que Dios actúa. Él nos ha dado al Espíritu Santo para que nos ayude y camine junto a nosotros, y para que nos anime mientras perseveramos y aprendemos de nuestro sufrimiento (Jn 14.16).

Dios se acerca a nosotros y nos ayuda —a través de— y no necesariamente librándonos de las situaciones difíciles. No siempre he estado de acuerdo con que el Señor permita angustias y dolor en mi vida. Esas no eran las experiencias que yo quería en ese momento, pero ahora sé que eran necesarias. Sin ellas, me habría perdido de valiosas lecciones y no habría podido consolar a otros en su sufrimiento. Cuando yo pensaba que ya no podía dar un paso más, el Espíritu Santo aquietaba mis miedos, aliviaba mi dolor, y me fortalecía con su poder.

Sin embargo, también he pasado por momentos en los que no he sentido la presencia de Dios pero he decidido confiar en la verdad que sabía acerca de Él. Las emociones fluctúan, pero la verdad nunca cambia.

Estas verdades son el ancla de mi alma:

• El Señor está siempre conmigo
• Nada puede pasarme, a menos que Él lo permita
• Él tiene un propósito para el sufrimiento y las pruebas que permite

Puede ser que al momento, yo no comprenda lo que Él está haciendo. De hecho, puede ser que yo nunca entienda, pero sé que Él me ama y sé que Él hará que todo trabaje para mí bien (Ro 8.28).

Cuando necesitamos recordar estas verdades, solamente tenemos que ir a la Palabra de Dios. Aunque, muchas veces, es lo último que queremos hacer. Preferimos buscar a los amigos o regodearnos en nuestra miseria. Pero las Sagradas Escrituras son nuestra fuente divina de aliento y de ánimo. Salmo 119.50 dice: “Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado”. La Biblia nos da una nueva visión y un sentido de confianza en el Señor. En sus páginas encontramos la esperanza y la guía que necesitamos para cada situación en la vida.

La gente me dice a menudo: “Yo no soy pastor, así que no sé dónde buscar la ayuda que necesito en la Biblia”. Entiendo. También he tenido momentos en mi vida en que solamente he clamado a Dios, sin saber a dónde acudir en su Palabra. No recomiendo esto como un patrón regular para la lectura de la Biblia, pero hay veces en que simplemente la he abierto para leer lo que salte a mi vista. Una vez, cuando estaba luchando con un problema difícil, abrí la Biblia, y ésta se abrió en Salmo 62.1: “En Dios solamente está acallada mi alma, de Él viene mi salvación”. Eso era precisamente lo que necesitaba recordar.

El Espíritu Santo puede guiarle al pasaje exacto para animarle (Jn 14.26). Por eso también es importante leer la Palabra de Dios cada día. Salmo 119. 24 dice: “Tus testimonios son mis delicias; y son mis consejeros”. A veces la razón por la cual la gente no siente el consuelo del Señor, es porque no están escuchando el consejo que ofrece la Biblia. Si descuidamos la Palabra de Dios, sentiremos que cualquier prueba nos aplasta. Pero cuando leemos la Biblia regularmente, el peso de nuestras cargas se levanta, y recibimos su ánimo y fuerza para soportar.

Aunque sus circunstancias no cambien, el consuelo viene de confiar en Dios. Él está haciendo algo especial en su vida, formándole a la imagen de Cristo, edificando su fe, y preparándole para el servicio en su reino. Él desea que usted, a través del fuego de la aflicción salga pulido, brillante y refleje a Cristo por medio de su carácter, palabras y conducta (1 P 1.6, 7). Si usted está pasando por momentos difíciles en este momento, recuerde que el Señor camina a través del fuego con usted.

La forma en que respondemos al sufrimiento determina si va a ser beneficioso o no. Puede ser que no tengamos ningún control sobre los desafíos que enfrentamos, pero podemos elegir la manera de responder. Quejándonos, enojándonos, culpando a otros, sintiendo lástima por nosotros mismos, o hundiéndonos en el pozo de la desesperación; todo esto, solamente nos hará más miserables. Por eso es mejor que clamemos al Señor en busca de ayuda, y le pidamos que nos dé entendimiento de su Palabra y de sus propósitos (Sal 119.143-149).

Mi oración es que usted experimente el consuelo y el poder de Dios en medio de sus problemas. Usted no está solo en su sufrimiento. Las Sagradas Escrituras están llenas de historias de personas que soportaron pacientemente las dificultades de la vida por medio de la fe en el Señor. Usted también puede vivir victoriosamente a través de sus angustias si confía en Él y se centra en su Palabra.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P.D. Gracias a creyentes como usted, podemos ofrecer recursos llenos del consuelo de la Palabra de Dios, a muchas personas que están pasando por tiempos difíciles, alrededor del mundo. Cuando usted se siente agobiado por las dificultades y las angustias de la vida, ¿tiene versículos de la Biblia que le sirven de ancla en la tormenta? Me gustaría animarle a llevar la Palabra de Dios en su corazón para que la tenga disponible cuando la necesite.