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Septiembre 2014

Apreciado(a) colaborador(a):

Obedecer al Señor no siempre es fácil, pero siempre es lo mejor. Como cristianos, tenemos un sistema de valores que consideramos valioso y verdadero, sin embargo nuestra sociedad no siempre comparte las mismas convicciones. Por tanto, tenemos que mantenernos algunas veces solos en la brecha por lo que creemos. Cuando seguimos al Señor, nunca estamos solos, pues Él siempre está con nosotros. Cada vez que elegimos obedecerle, el Señor nos fortalece para que nos mantengamos firmes, y nos promete bendición.

De muy joven, recuerdo que cantaba un himno, cuya letra decía: “Atrévete a ser un Daniel, atrévete a mantenerte en la brecha! ¡Atrévete a tener un propósito firme! ¡Atrévete a darlo a conocer”. Dios busca a personas como Daniel —a seguidores de Cristo que se mantengan firmes en sus convicciones por el Señor. Al estudiar la vida de Daniel, descubrimos qué era lo que lo hacía especial, y la manera en que podemos seguir sus pisadas.

En primer lugar, Daniel sabía lo que creía, y estuvo dispuesto a defender sus convicciones. Él era apenas un adolescente cuando fue arrancado violentamente de su hogar en Judá y llevado a Babilonia para ser educado y ejercitado en la cultura babilónica. Pero, por haber tomado la decisión de vivir como un hebreo, manteniéndose fiel a la ley de Moisés, estuvo listo para defender sus convicciones cuando se presentó la primera prueba.

¿Debía él comer la comida y beber el vino que venían de la mesa del Rey? Esto pudiera no parecer un asunto muy importante para nosotros, pero esta comida había sido ofrecida a ídolos, y Daniel estaba decidido a no contaminarse (Dn 1.8). Por tanto, pidió que a él y a sus tres amigos se les dieran verduras y agua. Después de una prueba de diez días, el funcionario del rey encontró que Daniel y sus amigos se veían mejor que los otros jóvenes. Dios los bendijo por su obediencia, dándoles conocimiento, sabiduría y entendimiento (Dn 1.17).

En segundo lugar, el ejemplo de Daniel nos enseña que Dios confía más responsabilidades a quienes han demostrado ser fieles en lo poco (Dn 1.17-21). A veces, nosotros limitamos erróneamente nuestras convicciones a las cosas que consideramos importantes, pero Jesús enseñó que quienes son fieles en lo poco, serán también fieles en lo mucho (Lc 16.10).

Cuando yo era adolescente, tenía un amigo que no era cristiano. Un día me dijo: “Stanley, solías ser un tipo muy bueno hasta que comenzaste a dejar de hacer lo correcto”. De repente, me di cuenta de que mis faltas habían opacado mi buen testimonio ante sus ojos. Dios me enseñó una valiosa lección ese día: Nunca subestimes la importancia de la obediencia en las cosas pequeñas.

Esto nos lleva a un tercer principio que podemos aprender de la vida de Daniel: Su disposición a mantenerse firme en la defensa de una sencilla convicción se convirtió en un trampolín para los retos más grandes que le esperaban. Cuando el rey Nabucodonosor tuvo un sueño alarmante, el Señor dio a Daniel la interpretación.

Nabucodonosor enloquecería y viviría como un animal salvaje durante siete años (Dn 4.19-27). A pesar del peligro de enojar al rey, Daniel obedeció al Señor y le dio la mala noticia. En otro momento de su vida, él prefirió enfrentar el foso de los leones antes que dejar de orar a su Dios (Dn 6.7-11). No sacrificó sus convicciones por el temor, porque había decidido permanecer fiel al Señor.

¿Hay algunos aspectos de su vida en los que se siente tentado a ceder a la presión? Si el ser fiel a sus convicciones le harían perder su trabajo o reprobar un curso en la escuela, ¿cedería en sus convicciones? Un carácter recto es una cualidad invalorable que vale mucho más que cualquier cosa que usted pudiera ganar o perder por flaquear en sus convicciones. El Señor se encargará de todas las consecuencias, si usted, simplemente decide obedecerle.

Por último, la obediencia de Daniel le abrió las puertas de la oportunidad para llegar a tener una influencia inmensa en una cultura impía. A pesar de que era un extranjero que se mantenía firme a sus creencias hebreas, fue promovido a posiciones más altas de autoridad por los diferentes reyes a quienes sirvió. En vez de ser perseguido por decir la verdad, lo ascendieron. Gracias a su posición firme, la frase “el Dios de Daniel” se repetía en las salas de aquellos reinos paganos (Dn 6.26).

De la misma manera, el Señor Jesús nos ha dejado en este mundo para influir positivamente a quienes nos rodean. Cuando nos mantenemos firmes en los preceptos de la Palabra, impactamos de forma prolongada la vida de otros. Aunque algunos puedan ridiculizarnos, quienes tengan un corazón receptivo se sentirán atraídos por el Salvador cuando vean nuestro buen ejemplo.

¿Qué convicciones guían su conducta? ¿Cuáles son innegociables, no importa lo que suceda? Ponerlas por escrito es una buena manera de afianzarlas en su mente, de manera que así esté preparado para cuando se presente una situación difícil. Recuerde simplemente que un hijo de Dios firme, fiel y obediente es un ser influyente que, al igual que Daniel, puede impactar al mundo.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P. D. Mi oración por usted es que sea fortalecido por el Espíritu Santo para que brille como una luz en un mundo en tinieblas al defender con firmeza sus convicciones cada vez que se presente la oportunidad. El Señor nos ha puesto a cada uno de nosotros, en nuestros hogares, lugares de trabajo, y ciudades para que podamos bendecir a quienes nos rodean, con una conducta santa y palabras de gracia.