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Agosto 2014

Apreciado(a) colaborador(a):

A medida que el verano llega a su fin, y las vacaciones han quedado atrás, la idea de volver a la actividad de la vida diaria puede parecer abrumadora. Tanto aquellos que disfrutaron de unas necesitadas vacaciones como los que no cambiaron su rutina, enfrentan la realidad de que nadie puede escapar totalmente del estrés. Puesto que todos enfrentaremos situaciones difíciles en la vida, debemos aprender a manejar el estrés cuando éste se presente. Felizmente, el Señor entiende nuestras luchas y quiere ayudarnos.

En cierto momento crítico de mi pastorado estuve hospitalizado tres veces en un año, aunque los médicos no pudieron identificar la causa. Más tarde me di cuenta de que mi cuerpo estaba respondiendo a la presión a la que yo lo había sometido, por hacer más de lo que Dios esperaba de mí. Mi error fue pensar que debía estar involucrado en cada detalle relacionado con mi iglesia. Me agoté tanto que, finalmente, tuve que dejar de predicar por tres meses. Durante ese tiempo de recuperación, mi hijo y yo pasamos tiempo juntos en la playa; allí tuve la oportunidad de tomar algunas horas cada día para caminar a lo largo de la orilla —solamente con el Señor. En aquellos momentos preciosos a solas con Dios, Él me enseñó a confiar en Él durante los tiempos difíciles.

En primer lugar, me enseñó que la solución para el estrés es estar a solas con Él. Estar en comunión con el Señor nos quita la ansiedad y la tensión (Sal 16.8). El propósito de esos tiempos con Dios no es estudiar las Sagradas Escrituras o traerle nuestra lista de peticiones de oración, sino simplemente estar con Él. Debemos tomar la decisión de separarnos voluntariamente de los demás para conectarnos con Dios. Hacerlo no nos garantiza que nunca más lucharemos con el estrés, pero sí que aprenderemos a ver nuestros problemas desde la perspectiva de Dios, y a encontrar gozo en su presencia (Sal. 16.11).

La práctica de pasar tiempo a solas con Dios se aprecia a lo largo de toda la Biblia. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, hombres y mujeres que caminaron con Dios dedicaban tiempo para estar con Él. Por ejemplo, después de un fatigoso día enseñando, sanando y alimentando a una multitud de 5.000 hombres, Jesús les pidió a sus discípulos que se marcharan en una embarcación, y subió solo a un monte para orar (Mt 14.22, 23). Anhelar estar a solas con su Padre no era algo esporádico en la vida de Jesús, sino una práctica habitual, especialmente después de haber enfrentado situaciones de mucho estrés. Vemos también ese mismo ejemplo en la vida del apóstol Pablo. Después de su dramática conversión, se dirigió a Arabia para pasar tiempo a solas con su recién encontrado Salvador (Gá 1.17).

La segunda lección que Dios me enseñó fue que debía esforzarme por encontrar un lugar libre de interrupciones y distracciones, en el que pudiera escuchar la voz del Señor (Mr. 6.32). ¿Qué distracciones le impiden a usted enfocarse en el Señor? ¿Adónde puede ir para pasar tiempo con Él, sin interrupciones?

Cuando yo era joven, encontré una habitación oscura y tranquila en el sótano de mi iglesia, un lugar ideal para reunirme con el Señor. Sin embargo, comprendo que para algunas personas encontrar un lugar apartado puede ser algo difícil. Susana Wesley, quien fue madre de 19 hijos — entre ellos John y Charles Wesley— nunca tuvo una habitación silenciosa en su casa. Cuando quería estar a solas con Dios, simplemente se cubría la cabeza con su delantal. Sus hijos aprendieron pronto que no estaba disponible en esos momentos para ellos. Cualquiera que sea el lugar, el objetivo es hacer una pausa para darle al Señor toda nuestra atención.

En tercer lugar, debemos recordar que Dios anhela pasar tiempo a solas con nosotros. Él nos creó a su imagen, y quiere disfrutar de una relación con nosotros por toda la eternidad (Gn 1.26). Ninguna otra criatura en el mundo tiene este privilegio. Pasar tiempo a solas con Él es la única manera de lograr que la intimidad con nuestro Creador se convierta en una realidad. Es en esos momentos de quietud a solas con “el Dios de paz” que nos vaciamos de nuestros afanes, temores y estrés (Ro 15.33). Si nos permitimos apartar tiempo en nuestras ocupadas agendas de actividades, y dejamos libre nuestra mente de todas las preocupaciones, disfrutaremos de una dulce comunión con Él, y recibiremos su paz en nuestros corazones.

En cuarto lugar, el tiempo a solas con el Señor nos prepara para el día que tenemos por delante. Es por eso que debemos hacer de esta actividad una prioridad cada mañana (Sal 90.14). Para hacerlo, debemos primero pasar un breve tiempo leyendo su Palabra; de esa manera, nuestros pensamientos se orientarán hacia Dios, y nuestros corazones se harán sensibles a su presencia. Si comenzamos cada día de esta manera, poniendo nuestras mentes y nuestros corazones en Él, y escuchando su voz, el Señor nos guiará a lo largo del día y hará que cualquier cosa que realicemos se transforme en una oportunidad para adorarlo. Este también es el tiempo cuando Él nos prepara para que enfrentemos nuestras pruebas, angustias y cargas con calmada confianza, en vez de encararlas con ansiedad frenética.

¿Está el estrés presionando su vida hoy? Si es así, Dios quiere liberarle de esa carga. Si usted viene al Señor, Él le promete dar descanso a su alma (Mt 11.28-30). Cuando usted llegue a sentir la presencia de Dios en esos momentos de quietud, su confianza en Él crecerá, y sus preocupaciones se reducirán. Entonces podrá descansar, sabiendo que su Padre celestial cuidará de usted.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P. D. Cuando aparta el comienzo de su día para el Señor, es grandioso ver cómo Él prepara el camino para que usted realice cualquier cosa que Él le haya pedido que haga. Si ha luchado en el pasado por encontrar tiempo para estar a solas con Dios, podrá serle de provecho leer mi artículo en cuanto al manejo sabio del tiempo en la edición de agosto de la revista En Contacto.