Subscribase Hoy

¡Subscríbase hoy mismo! Por favor, seleccione tantos como desee

Enviar

Ministerios En Contacto se sostiene gracias a los donativos de sus colaboradores. Las contribuciones a En Contacto son deducibles de los impuestos hasta el monto permitido según la ley.

Julio 2015

Apreciado(a) colaborador(a):

¿Cómo definiría usted la libertad? Aunque normalmente la asociamos con las oportunidades que tenemos para hacer valer nuestros derechos, ambiciones y sueños sin la injerencia del gobierno, Jesús habló de una forma más profunda de libertad —la libertad relacionada con la condición de nuestra alma. Dios quiere hacernos libres de toda forma interna de ataduras que nos impidan llegar a ser lo que Él quiso para nosotros al crearnos. El plan para lograr esta clase de libertad no es por medio de guerras o revoluciones, sino por el conocimiento de la verdad. Es por eso que Jesús dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8.31, 32).

Aunque puede parecer que seamos libres, todos hemos sido cautivos en algún momento. Para empezar, antes de ser salvos estábamos esclavizados al pecado. Pero Jesús vino para hacernos libres al pagar nuestra deuda de pecado. En la cruz, Él abrió el camino para que podamos ser perdonados y declarados justos (Lc 19.10). Sin embargo, debido a que todavía vivimos en un mundo caído con todo tipo de engaños, dificultades y heridas, es posible que todavía tengamos áreas de esclavitud de las cuales el Señor quiere que nos ocupemos para que podamos vivir con libertad verdadera.

En el caso de las ataduras ocultas, la ignorancia no es ninguna dicha. Si dejamos de tratar estas áreas, ellas atrofiarán nuestro crecimiento espiritual, impedirán que el Señor trabaje eficazmente en nosotros y por medio de nosotros, e incluso pondrán trabas a nuestro testimonio. Otras personas se dan cuenta pronto cuando nuestra conducta no se ajusta a nuestra profesión de fe. Por tanto, desenterremos cualquier esclavitud que haya en nuestra alma, y llevémosla a la luz de la verdad de Dios.

La primera área que hay que liberar es nuestra mente. Cuando yo era joven, estaba esclavizado a la falsa creencia de que si pecaba después de ser salvo podría ir al infierno. Recuerdo que me arrodillaba junto a mi cama todas las noches, y suplicaba: “Oh Señor, por cualquier cosa que haya hecho hoy, te ruego que me perdones y me salves otra vez”. No soy capaz de describir el alivio y la libertad que sentí cuando descubrí la verdad de mi seguridad eterna. Por eso es tan importante saber lo que enseña la Biblia en cuanto a este importante punto de la fe. Si solamente aceptamos lo que nos enseñan otras personas, sin compararlo con la Palabra de Dios, pudiéramos mantenernos encerrados en la prisión espiritual de las creencias falsas. Pero conocer la verdad nos hace libres (Jn 8.32).

Luego, necesitamos ser liberados de las prácticas pecaminosas. Esto comienza con una comprensión exacta de nuestra posición en Cristo. Como hijos de Dios, tenemos su poder divino y sus promesas, que nos dan lo que necesitamos para vivir como Él quiere (2 P 1.3, 4). El Espíritu Santo que habita en nosotros tiene poder para triunfar sobre cualquier forma de esclavitud que controla nuestra vida.

Gran parte de nuestro problema con el pecado habitual es que aceptamos la manera de pensar del mundo, en vez de someternos a la verdad de la Palabra de Dios. Por ejemplo, la actitud prevaleciente hoy en día es que libertad significa hacer lo que queremos. Pero la verdad es que, si hay un pecado que tenemos que confesar una y otra vez a Dios, significa que ese pecado nos está controlando. La consecuencia natural de tolerar el pecado es la esclavitud al mismo. La única manera de vencerlo es obedeciendo al Espíritu Santo para que no deseemos hacer lo malo (Ga 5.16).

En tercer lugar, necesitamos ser liberados de la esclavitud emocional. Esta puede ser la más difícil de reconocer, porque está enterrada profundamente dentro de nosotros y, a menudo, se desarrolla muy temprano en nuestra vida. Una de las señales de esclavitud emocional es la incapacidad de vencer un pecado en particular. Es posible, incluso, que odiemos ese pecado, pero nos sentimos impotentes para ponerle fin ya que no somos conscientes de la emoción que lo está alimentando. La única manera de ser libres es pedirle al Señor que examine nuestro corazón y nos muestre la verdad sobre nosotros (Sal 139.23, 24).

Personalmente, yo he experimentado esta clase de esclavitud. No la reconocía en mi vida, y durante muchos años no podía entender por qué tenía tantas luchas. Pero luego, unos pocos amigos sabios y valientes me mostraron lo que había escondido. ¡Qué liberador fue ese momento cuando finalmente me di cuenta de que el amor de Dios por mí no dependía de mi comportamiento, sino de la naturaleza de nuestro Señor!

¿Usted está luchando con alguna forma de esclavitud emocional? Pudiera ser un temor debilitante, ansiedad, resentimiento o celos. O tal vez está agobiado por una sensación de fracaso, falta de valía, rechazo o inseguridad. El Señor quiere ayudarle a enfrentar cualquier sentimiento que haya encerrado en su vida. ¿Estaría usted dispuesto a pedirle que le revele y le sane cualquier área de esclavitud emocional que puede estar poniendo obstáculos a su vida? Como creyente en Cristo, usted ha sido perdonado, aceptado y amado. Esta es la verdad en cuanto a su relación con Él, y eso le hará libre.

La libertad es la decisión diaria de creer la verdad que está revelada en la Palabra de Dios, y de responder conforme a ella. Al afirmar usted valientemente su identidad en Cristo y andar en sus caminos, descubrirá el gozo de la libertad verdadera.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P.D. Al celebrar el Día de la Independencia este año, recuerde darle gracias al Señor por las libertades que ha permitido que tengamos en este país. Le animo a hacer pleno uso de esta libertad para difundir la buena nueva en cuanto a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y a orar fervientemente por nuestra nación. Adjunto encontrará un marcador para ayudarle a hacerlo. Espero que sea una bendición para usted.