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Abril 2014

Apreciado(a) colaborador(a):

¿La familiaridad de la historia de la Pascua ha reducido su aprecio por lo que Cristo hizo por usted? Si ha sido creyente durante cierto tiempo, probablemente ha leído la historia de la muerte y resurrección del Señor Jesús muchas veces, y también ha tenido el privilegio de escuchar muchos sermones sobre el tema. Para mantener fresca en nuestros corazones esa admiración, debemos recordar las muchas y maravillosas bendiciones que tenemos, gracias a que Cristo murió y resucitó de los muertos.

Piense en lo siguiente: El cristianismo tiene su fundamento en la cruz y la resurrección (1 Co 15.14). Sin ellas, nuestra fe carecería de valor, y no tendríamos ninguna esperanza del cielo. Pero, ya que Jesús murió y pagó el castigo por nuestros pecados y luego se levantó de la tumba, hemos sido perdonados y recibido la vida eterna. Ahora nuestras vidas están llenas de un sentido de dirección y propósito. Además, el poder de la resurrección de Cristo fluye a través de nosotros, permitiéndonos vivir de una manera digna de nuestro Señor y Salvador.

Si empezamos a vivir cada día con la perspectiva de la cruz y de la resurrección, nuestros pensamientos, nuestras actitudes e incluso nuestras respuestas a los problemas y afanes de este mundo, serán transformados dramáticamente. Por tanto, consideremos las bendiciones que tenemos por medio de Cristo nuestro Salvador.

En primer lugar, “nuestra ciudadanía está en los cielos” (Fil 3.20). Aunque en la actualidad vivimos aquí en la Tierra, nuestro verdadero hogar está en el cielo. Los filipenses, a quienes el apóstol Pablo envío originalmente esta declaración, deben haber entendido muy bien la importancia de la ciudadanía, porque Filipos era una colonia romana. Todos los filipenses se convertían, desde el momento de su nacimiento, en ciudadanos del Imperio Romano con todos los derechos y las oportunidades que daba la ciudadanía romana. Eso es exactamente lo que sucedió con nosotros cuando nacimos de nuevo como hijos de Dios —ingresamos a su reino por el nuevo nacimiento, y recibimos todos los privilegios y el amparo correspondientes a esa nueva ciudadanía. Saber que el cielo es nuestro hogar no solamente nos ayuda a no aferrarnos a los placeres y las búsquedas del mundo, sino que además nos da aliento y esperanza para perseverar en medio de las vicisitudes y sufrimientos de la vida.

En segundo lugar, nuestros nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero (Ap 21.27). Este registro en el reino de Cristo es importante, porque certifica que pertenecemos a Él, y que tenemos el derecho de vivir en el cielo. Cuando yo era niño, solía preguntarme cómo iba Dios a escribir todos los nombres sin confundirse. ¿Qué pasaría si había más de un Charles Stanley? Bueno, usted puede estar seguro de que en el cielo no habrá confusiones. El Señor nos conoce a cada uno de nosotros, y Él ha escrito nuestros nombres en su libro — ¡y ellos nunca podrán ser borrados! Esta verdad acalla todas las dudas que nos impidan vivir seguros de nuestra salvación.

En tercer lugar, Dios promete darnos cuerpos resucitados, adecuados perfectamente para nuestro hogar celestial (1 Co 15.48-54). No tendremos que gastar más tiempo y esfuerzos para mantener y acicalar estos viejos cuerpos que se están marchitando. La resurrección de Cristo nos garantiza que seremos resucitados con cuerpos fuertes, perfectos, gloriosos e inmortales. Cada vez que enseño sobre este tema, me preguntan qué aspecto tendremos. Una cosa que puedo decir con toda seguridad es que vamos a vernos mejor que nunca. La verdad es que no sabemos exactamente cómo luciremos, pero 1 Juan 3.2 nos dice que seremos como Cristo —no en cuanto a rostro o atributos físicos, pero si en carácter. Nos transformaremos finalmente en las personas que Dios quiso que fuéramos. ¿Ha estado usted desalentado últimamente en cuanto a su progreso espiritual? Quizás esté deseando ser verdaderamente ser más como Cristo, pero la transformación le parece muy lenta. En vez de desanimarse, recuerde que Dios “es poderoso para [guardarle] sin caída, y [presentarle] sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Jud 24).

Finalmente, tenemos una herencia segura que nos aguarda en el cielo. No hace mucho, estaba hablando con un caballero que trabaja como asesor financiero. Me dijo que algunos de sus clientes nunca están satisfechos. No importa cuánto dinero tengan, siempre piensan que necesitan más. Pero las inversiones financieras no pueden jamás garantizarnos seguridad verdadera. Nuestros ahorros pueden desaparecer en un momento, o podríamos morir antes de poder utilizarlos. Pero, como cristianos, no tenemos que preocuparnos nunca por el futuro, porque nuestra herencia es “incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para [nosotros]” (1 P. 1.4).

Aunque nos esperan estas bendiciones en la eternidad, hay tres cosas que podemos hacer ahora para hacer mayor nuestra recompensa en el cielo —amar a las personas, dar con generosidad, y servir fielmente a Dios (Lc 6.35). Si el plan de Dios para nuestras vidas hubiera consistido solamente en un futuro en el cielo, entonces nos habría llevado al hogar celestial inmediatamente después de ser salvos. Pero nos ha dejado aquí para que Jesús pueda vivir en nosotros. Su espíritu que mora en nuestro interior, nos da la capacidad de llevar a cabo todo lo que Él nos ha llamado a hacer —ya sea demostrando el amor de Dios a los perdidos, dando de nuestro tiempo y dinero, o sirviendo al Señor mediante la ayuda a los demás.

Si vivimos con la perspectiva de la cruz y de la resurrección, tendremos un enfoque celestial que nos dará confianza, seguridad y esperanza eterna. Pero esa clase de enfoque nos motivará también a servir fielmente al Señor, sabiendo que el tiempo y los esfuerzos que invertimos para hacer su obra, es valioso a los ojos de Dios y dignos de una recompensa eterna.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P. D. La ocasión de la Pascua es un tiempo maravilloso del año, y es más especial aún cuando apartamos tiempo para reflexionar en cuanto a las bendiciones que tenemos en Cristo gracias a su muerte y resurrección. Para ayudarle en su tiempo devocional con el Señor, hemos preparado una sección especial en la revista En Contacto de abril. Si no está recibiendo actualmente la revista En Contacto, no se preocupe, ya que esta sección especial de la Pascua está también disponible por encontacto.org/revista. Mi oración es que los estudios bíblicos, los devocionales y las ilustraciones que hemos incluido, sean de gran bendición para su vida espiritual durante esta Semana Santa.