
Mayo 2013
Apreciado(a) colaborador(a):
A medida que pasa el tiempo, ¿ha pensado usted alguna vez en la influencia que tiene sobre quienes le rodean? ¿Se pregunta si está marcando una diferencia positiva en las vidas de sus seres queridos, o si está logrando algo de importancia duradera?
Todos nos hacemos estas preguntas en un momento u otro. Como personas que hemos sido creadas a la imagen de Dios, tenemos la necesidad de saber que nuestras vidas son importantes, y que lo que hacemos es realmente significativo e impactante para aquellos que nos rodean. Queremos saber que somos aceptados, amados y valorados. También queremos estar seguros de que lo que hacemos servirá de inspiración a las generaciones que vendrán después de nosotros.
Desafortunadamente, muchos de nosotros nos equivocamos al medir nuestro valor por las cosas que tenemos, por el número de personas que buscan nuestro consejo, por el poder que ejercemos, por los reconocimientos que hemos recibido, o por el número de personas que conocen nuestro nombre. Pero Dios nunca quiso que sean estos logros terrenales los que nos definan. La Sagrada Escritura nos enseña que el Padre tiene una perspectiva diferente de lo que constituye una vida significativa. El apóstol Juan nos asegura: “El mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Jn 2.17).
Así que, déjeme preguntarle: ¿Siente que su vida tiene sentido y valor? ¿Sabe con seguridad que es aceptado y amado, y que está inspirando a quienes le rodean? ¿O se siente desanimado, preguntándose si lo que hace realmente importa?
Usted puede tener la seguridad de que está dejando un legado duradero cuando obedece a Dios, porque la manera más poderosa de influir en las personas es acercarlas a Jesucristo.
Esto siempre me hace pensar en mi madre. Ella tuvo una vida muy difícil; una vida que puede haber parecido común y corriente, e insignificante. Se quedó sola para criarme cuando mi padre murió. No tenía muchos bienes, y solamente completó la escuela primaria. Pero la influencia que ella tuvo en mi vida sigue todavía dando frutos de valor eterno hasta el día de hoy. Nunca olvidaré cuando se arrodillaba conmigo junto a la cama, orando conmigo, pronunciando mi nombre a Dios en voz alta, y enseñándome a estudiar la Biblia. Su ejemplo de amor y fidelidad ha permanecido conmigo durante toda mi vida.
Al igual que mi madre, usted puede tener una vida de mucho significado. Puede saber que todo lo que diga y haga influirá en quienes le rodean. Siendo así, ¿cómo puede usted asegurarse de que sus palabras y sus acciones sean verdaderamente significativas, y que afectarán positivamente a todas las personas con quienes se relacione?
En primer lugar, lo hace cuando es ejemplo del deseo firme de obedecer al Señor Jesús con fe en su voluntad y su dirección. Su devoción al Salvador motivará a buscar de Él a quienes estén alrededor de usted. Cuando vean cómo enfrenta las pruebas difíciles, o que da un paso al frente con absoluta confianza en la sabiduría de Dios y en su ayuda, sabrán que su relación con Él no es solo de palabra. Verán que es real. Serán testigos de cómo Dios le ama, consuela y fortalece en todas las circunstancias, de cómo provee para cada necesidad suya, y querrán conocerlo también (2 Co 4.5-7).
En segundo lugar, usted impacta la vida de quienes le rodean demostrando reverencia por la Palabra de Dios. No tiene que ser un erudito para inspirar en los demás el amor por la Biblia. Mi madre ciertamente no lo era. Lo único que usted necesita es mostrar reverencia por la Palabra de Dios, por encima de todas las otras fuentes de información, al leerla, estudiarla y explicarla. El Espíritu Santo hará el resto (He 4.12).
En tercer lugar, usted influye en los demás al enseñarles cómo escuchar y obedecer al Señor. Cuando usted aparta tiempo para estar con el Padre celestial y estudiar la Biblia, desarrolla un discernimiento profundo en muchas áreas, porque “el temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia” (Pr 9.10). Al profundizar su conocimiento, Dios le dará oportunidades para decir a los demás cómo pueden ellos escuchar al Padre celestial y obedecer sus mandamientos.
En cuarto lugar, usted puede tener la seguridad de que sus relaciones con los demás son significativas e impactantes, al mostrarles un amor sincero, un corazón perdonador y una mano generosa en cada situación. Mientras más demuestre el carácter de Cristo a los demás, mayor será su influencia. Al mantener su corazón abierto, accesible y listo para ayudar a los demás, ellos verán algo diferente en su vida, y se entregarán a Cristo. Como dijo Pablo: “A todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos” (1 Co 9.22).
Entonces, ¿se está preguntando si está logrando algo de trascendencia en las vidas de las personas que le rodean? ¿Está usted influyendo en ellas, dejando un legado espiritual que durará por toda la eternidad? Al igual que mi madre, usted puede. No importa cuánto tenga, quiénes busquen su consejo, el poder que ejerza, los reconocimientos que haya recibido, o el número de personas que le conozcan. Lo que importa es el amor que usted tenga por Dios y su obediencia a Él.
Por tanto, siga a Jesús con fe, muestre reverencia por las Sagradas Escrituras, demuestre el carácter de Cristo a todas las personas con quienes se relaciona, y obedezca al Padre celestial. Hacer todo esto le ayudará a saber con plena seguridad que estará dejando una huella para la eternidad.
Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley
P. D. Cuando se trata de servir a otros por causa del evangelio, usted nunca podrá ser más generoso que Dios. El Padre celestial bendice siempre el amor, las oraciones y el servicio que usted ofrece abnegadamente a quienes le rodean. Gracias por su fiel colaboración a Ministerios En Contacto, y por servir al Señor en el lugar donde se encuentra.