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Febrero 2015

Apreciado(a) colaborador(a):

Febrero es asociado a menudo con el día de San Valentín. Aunque este día se considera generalmente una celebración del amor romántico, me gustaría que usted dedicara unos momentos para pensar en sus amistades. El Señor no nos creó para vivir aislados, sino para relacionarnos con otros. Como cristianos, nuestra amistad más importante es con Jesús. Él nos ama como nadie, y nunca nos olvidará ni dejará. Más aun, cuando caminamos cerca de Él nos convertimos en la clase de compañeros que otras personas necesitan y quieren.

Hace muchos años, leí la descripción en cuanto a un amigo verdadero. Aunque no recuerdo quien la hizo, la escribí y la he guardado todos estos años.

Un amigo es un tesoro que te ama tal como eres; que ve no solo lo que eres, sino lo que puedes llegar a ser; que está allí para sostenerte cuando caigas; que comparte tus experiencias de cada día; que acepta lo peor que haya en ti, pero que te ayuda a convertirte en lo mejor; que conoce tu pasado, pero que cree en tu futuro; que te acepta hoy como eres; y que viene a verte cuando todos se han ido.

Todos necesitamos amigos así, ¿verdad? El libro de Proverbios nos ofrece sabios consejos para ayudarnos a elegir la clase correcta de amigos. Considere los versículos siguientes: “En todo tiempo ama el amigo” (17.17); “Amigo hay más unido que un hermano” (18.24); “Fieles son las heridas del que ama” (27.6); “Dulce para su amigo es el consejo del hombre” (27.9 LBLA). Es que las amistades genuinas se caracterizan por el amor, la lealtad y la honestidad. No solamente nos sostienen, sino que también tienen nuestro permiso para aconsejarnos e incluso corregirnos cuando sea necesario.

Por eso es muy importante que nos aseguremos de que esas personas tan cercanas a nuestro corazón estén yendo en la misma dirección que nosotros. Aunque los cristianos podemos relacionarnos con los no creyentes, debemos estar conscientes que éstos están yendo espiritualmente en un sentido contrario al nuestro. Es por eso que nuestros amigos más queridos deben ser creyentes que tengan el mismo amor por el Salvador, que tenemos nosotros. Los amigos fieles a Dios son esenciales, porque nos animan a andar en obediencia a Cristo, y nos estimulan a ser más como Él en nuestro carácter, conducta y conversación.

Si usted tiene un amigo así, nunca tenga en poco esa relación. Todas las amistades genuinas deben ser cultivadas y alimentadas. Y si todavía está buscando esta clase de amigo, entienda, por favor, que eso requerirá una inversión de tiempo, energías y de invulnerabilidad por su parte. El valor que usted da a sus amigos se evidencia por la manera como los trata. Por tanto, consideremos lo que se necesita para cultivar una amistad profunda.

Ante todo, la amistad requiere pasar tiempo juntos. Si estamos demasiado ocupados para sacar tiempo para un amigo, esa relación no florecerá. Tengo algunos amigos maravillosos y piadosos con quienes hablo cada día. Realmente disfruto reunirme con ellos, y considero que el tiempo que pasamos juntos es una valiosa inversión en nuestra relación.

En segundo lugar, la comunicación es esencial. Al comienzo, nuestras conversaciones se centran en conocer a la otra persona, pero a medida que se desarrolla la amistad, llegamos a ser más transparentes. Este es un proceso recíproco en el que ambas partes hablan con franqueza de lo que piensan y sienten; en el que nos escuchamos con atención con el propósito de entendernos mutuamente. A medida que crece la confianza, nos sentimos libres de hablar de cosas que nunca habíamos contado a nadie más.

El tercer requisito para una amistad genuina es hablar de las experiencias en la vida. Nos regocijamos por los éxitos mutuos, y nos solidarizamos en las derrotas, pruebas y sufrimientos del amigo. ¿Tiene usted alguien con quien pueda reír o llorar? Yo tengo unos amigos que me animan cuando nos reunimos. Me hacen reír, pero también me alientan cuando hay algún dolor en mi corazón. Busco el consejo de ellos cuando estoy tratando de entender lo que el Señor quiere que haga, y a veces me dan orientación cuando ni siquiera estoy consciente de que la necesito. Sean cuales sean las experiencias que esté atravesando, ellos se solidarizan conmigo.

En cuarto lugar, los amigos verdaderos se demuestran amor mutuo. Su relación se caracteriza por la gratitud y la atención. Con la tecnología actual, es fácil animar a un amigo con una llamada, un correo electrónico o un mensaje de texto. Otra manera que tiene los amigos verdaderos para demostrarse amor es siendo abnegados y fieles. Están listos para ayudarse mutuamente, incluso cuando la situación no sea la más conveniente, y nunca abandonarán a la otra persona cuando los demás lo hagan. Los amigos aceptan sus debilidades y sus fracasos mutuos, y son rápidos para perdonar cualquier ofensa.

El Señor nos creó para que nos relacionemos con otros, y desea que tengamos un compañerismo estrecho con los que nos rodean. A lo largo de mi vida, he sido bendecido con amigos fieles. Lo mejor en cuanto a cada uno de ellos es que me ayudan a convertirme en la persona que Dios quiere que sea. Las amistades más valiosas están centradas siempre en el Señor y en lo que Él desea para nosotros. Mi oración es que usted llegue a tener una amistad que sirva para animarle, y que usted anime a su amigo a ser más como Cristo.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P.D. Durante febrero, ¿desearía usted hacer saber a sus amigos lo mucho que les valora? También me gustaría tomar esta oportunidad para decirle que en Ministerios En Contacto le consideramos nuestro amigo. Sin amigos fieles como usted, no podríamos seguir fortaleciendo a los creyentes y alcanzando a los perdidos con el evangelio.