Si buscamos con afán al Padre y andamos en el centro de su voluntad, podemos estar seguros de que lo que Él logre en y por medio de nosotros, será grande y eterno.

Septiembre 2012
Apreciado(a) colaborador(a):
Este mes es muy significativo para mí. Septiembre conmemora 80 años de la maravillosa fidelidad de Dios en mi vida, y 55 años de su provisión y su guía en el ministerio. También celebramos 35 años del grandioso trabajo del Padre celestial por medio de Ministerios En Contacto. Cuando reflexiono en lo bueno, amoroso y fiel que ha sido Dios conmigo, aun en los momentos más dolorosos, me siento abrumado por todo lo que Él ha hecho.
Recuerdo a los 14 años cuando el Padre me llamó a predicar por primera vez. Era un muchacho inseguro, pero Él siguió poniendo Isaías 61.1 en mi corazón: “Me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón”. Los tiempos en que me sentí herido, rechazado e incompetente, suavizaron mi corazón y me prepararon para ayudar a otros a entender que Él es un Padre tierno y compasivo. Él produjo más fruto de mi adversidad, de lo que nunca imaginé.
A los 14 años, no entendía bien, pero ahora sí. No son nuestro aspecto, talentos, influencia, riqueza, o habilidades lo que nos hace exitosos o importantes. Es lo que le permitimos a Dios que haga en y por medio de nosotros. De hecho, algunos pastores jóvenes me han preguntado con frecuencia cómo podrían ellos experimentar la sabiduría y el poder de Dios para tener ministerios exitosos. Ven al Padre celestial trabajando por medio de los programas de radio y TV de “En Contacto” alrededor del mundo, y se preguntan si Dios hará lo mismo por medio de ellos.
Siempre les digo: “Lo más importante es la relación personal con Cristo Jesús. Es lo primero sobre cualquier otra cosa, porque lo que son ustedes, y lo que llegarán a ser, fluyen de su intimidad con Él. Cuando esa relación está bien, se maravillarán de lo que Él hará”.
Esto es así, porque el Señor Jesús lo es todo, no lo que nosotros podamos hacer o lograr. Si trabajamos solo para alcanzar nuestras propias metas y preferencias terrenales, ciertamente nos sentiremos frustrados, especialmente cuando surjan los problemas. Pero si buscamos con afán al Padre y andamos en el centro de su voluntad, podemos estar seguros de que lo que Él logre en y por medio de nosotros, será grande y eterno, aun en los momentos más oscuros de la vida y cuando los retos sean los más difíciles.
El apóstol Pablo afirma en Gálatas 6.7-10: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”.
En primer lugar, este pasaje enseña que nuestro sentido de importancia y autoestima debe venir de conocer al Señor Jesús como nuestro Salvador. ¿Por qué lo sé? Porque el versículo 8 nos dice: “El que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará”. No podemos alimentar al Espíritu Santo, a menos que Él habite en nosotros, y no habita en nosotros hasta que somos redimidos por Cristo (Hch 2.38). Ya sea que usted trabaje en algo secular o en el ministerio; que esté sano o enfermo; que sea pobre o rico sólo Jesús puede dar verdadero valor a la vida. Y cuando usted hace fielmente su voluntad, Él multiplica la influencia de su vida al ciento por uno.
En segundo lugar, debemos decidir si vamos a servir a lo temporal o a lo eterno. De nuevo, Gálatas 6.8 nos dice: “El que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (énfasis añadido). La mayoría de nosotros estamos enfocados en el presente o en el futuro cercano. Miramos las circunstancias y fijamos nuestro propio rumbo. Pero si los planes no avanzan según nuestros propios cronogramas, nos sentimos frustrados y desanimados. Podemos pensar que es demasiado tarde para que nada bueno nos suceda, o que nuestra situación no va a cambiar nunca. Pero cuando nos centramos en lo eterno, nos damos cuenta que el Padre celestial siempre llega justo a tiempo.
En realidad, las cosas que el Señor hace en y por medio de usted, tienen un valor infinito. Por ejemplo, cuando ora, dedica tiempo a la Palabra de Dios, y aplica los principios bíblicos a su vida, puede preguntarse si esto está sirviendo de algo. Permítame asegurarle que sí. Cuando usted atesora la Sagrada Escritura en su corazón y obedece los preceptos del Señor, está haciendo una inversión para la eternidad–una inversión que a la larga le transformará, le ayudará muchísimo cuando surjan los problemas, y dará fruto en la eternidad (Is 40.8).
En tercer lugar, tenemos una razón para perseverar cuando todo parezca ir mal, porque sabemos que una gran cosecha está por venir. Pablo nos dice: “No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”(Gá 6.9). Puede parecer como si todo estuviera derrumbándose a nuestro alrededor. Podemos experimentar tanta pérdida o rechazo, que nos sentimos totalmente derrotados. O tal vez enfrentamos una tarea que es absolutamente aburrida y muy decepcionante. Desde un punto de vista terrenal, puede parecer que lo único que nos queda por hacer es tirar la toalla.
Pero, como creyente, usted puede dar gracias: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo… sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co 15.57, 58). El Padre celestial promete que Él hará que todas las cosas obren para bien de usted, y el Señor nunca ha faltado a su palabra. Por lo tanto, puede soportar con paciencia, no importa lo que suceda porque sabe que le espera el triunfo.
Entonces, ¿por qué debe usted concentrarse en su relación con el Señor Jesús, y hacer las cosas que alimentan el espíritu? Simplemente, porque es allí donde encontrará su valor, marcará una diferencia eterna, y recibirá el poder para perseverar cuando las dificultades le asalten. Al celebrar este año de hechos memorables, puedo asegurarle que no hay una manera de vivir que sea mejor y más satisfactoria. Y estoy absolutamente seguro de que lo mejor está aún por venir.
Suyo en Cristo,

Charles F. Stanley
El Padre celestial me ha bendecido maravillosamente a lo largo de los años por medio de su fiel participación. Me faltan palabras para expresar cuán agradecido estoy por usted. Cada día nos unimos a Dios en la maravillosa tarea de ver a personas aceptar a Jesucristo como su Salvador, y seguirle en obediencia. Que el Señor le bendiga abundantemente por seguir dedicando su vida a Él, por amor y obediencia.
Copyright 2013 por In Touch Ministries, Inc. Todos los derechos reservados. En Contacto concede permiso para imprimir este material solo para uso personal.
Print Page