Leer | SALMO 33.3-11
Marzo 22, 2012
El trabajo que Dios hace es creativo. Hizo el cielo, la tierra y todas las criaturas vivientes. Formó a Adán y Eva a su imagen, y nos tejió en el vientre de nuestra madre.
Su trabajo también es poderoso. Por medio de su Hijo Jesucristo llevó a cabo una grandiosa salvación para todos los que confíen en el Salvador. Nuestro Padre celestial trabajó poderosamente para que pudiéramos reconciliarnos con Él y ser adoptados en su familia. Pero el trabajo de Dios continúa, y Jesús es en quien todas las cosas siguen existiendo (Col. 1.17).
Para reconocer la obra de Dios, debemos orar constantemente. Las oraciones centradas en Cristo nos enfocan en Él y nos ayudan a identificar más fácilmente sus acciones y unirnos a Él.
El Padre celestial también quiere que nuestro corazón y nuestra mente estén rendidos a su voluntad. Concentrarnos en nuestra agenda dirige el enfoque a nosotros mismos, y nos hace perder de vista al Señor. Mientras que una actitud sumisa nos prepara para escuchar y obedecer. Concentrarnos regularmente en la Palabra de Dios aclarará nuestras mentes y nos ayudará a entender lo que el Señor está haciendo.
Si combinamos estas disciplinas con discernimiento y paciencia, podremos ver cómo está trabajando Dios en nuestras vidas y en el mundo.
Nuestro Señor está obrando hoy, llamando a los no creyentes a la fe salvadora, y a los redimidos a andar más cerca de Él. Sus planes incluyen a personas, familias y naciones. ¿Ha estado usted demasiado ocupado o distraído para observar lo que Él está haciendo?