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La verdad dicha con amor

Una conversación acerca de la esencia del testimonio cristiano

por Linda Canup

Amor. Se supone que es lo que distingue a los cristianos del resto del mundo. Pero la verdad es que, independientemente de su afiliación religiosa, todas las personas tienen la capacidad de amar. Entonces, ¿qué tienen los cristianos que se considera diferente a lo que tienen las demás religiones del mundo? Art Lindsley, investigador principal del Instituto C. S. Lewis, buscó responder a esa pregunta. El resultado de su estudio es el libro titulado Love as the Ultimate Apologetic [El amor como la mejor apología] (InterVarsity Press, 2008); es una guía para ayudar a otros a entender el porqué el amor es singularmente fundamental para la fe cristiana, y para nuestro testimonio como creyentes.

En Contacto: Si las personas de otras religiones son capaces de amar, ¿qué es lo que hace diferente al cristianismo?

Art Lindsley: Sin duda alguna, un distintivo del creyente es que ama. Sin embargo, otras cosmovisiones generan amor igualmente: hay ateos, budistas y personas de la Nueva Era en el mundo que también aman. Así que, consideré a estas filosofías y noté que, a pesar del hecho de que hay muchas personas en el budismo y la Nueva Era que son muy amorosas, no hay nada en su visión del mundo que motive o sustente al amor. En realidad, su cosmovisión va directamente en contra de la posibilidad de un amor ágape.

EC: ¿Así que, cuando usted dice: “El amor es la mejor apología”, lo está definiendo como el amor ágape?

AL: De esa clase de amor es que hablo específicamente. Obviamente, uno tiene el amor de la amistad, filos; y eros, el amor erótico o el amor romántico. El amor ágape es el sacrificio del yo al servicio de otro. Quiero demostrar cómo el amor está en el centro de la fe en Cristo. El ateísmo, el materialismo, el panteísmo y la Nueva Era ­—ninguna de esas cosmovisiones tienen alguna base en absoluto, coherente con su filosofía, para motivar o sustentar al amor de la manera como lo hace la fe en Cristo.

EC: ¿Cómo demostramos amor al compartir el evangelio con otros?

AL: Creo que es hablando la verdad en amor (Ef 4.15). En la esencia de compartir el evangelio y utilizar la apologética, están la manera y la actitud con que uno habla.

C. S. Lewis decía que las personas llegaban a creer, no por lo que les predicamos, sino por el ejemplo que les mostramos. A menudo son atraídas por algo que hay en la calidad de vida del creyente, pero también por la forma como les hablamos —por la manera como nos involucramos, escuchamos y respondemos a sus diferentes visiones del mundo.

Sé que he tenido muchas interacciones con personas de diferentes perspectivas religiosas. He estado interactuando con algunos de los principales líderes internacionales de la Nueva Era, y ellos esperan que [los cristianos] sean paranoicos y hostiles. Pero tuve la oportunidad de involucrarme con ellos y hablarles la verdad. Fui completamente sincero con ellos. Les hablé con amor.

Hay una manera totalmente diferente que el creyente puede utilizar para transmitir el evangelio ­—la apologética o el dar argumentos en favor de la fe.

EC: Casi siempre, cuando pensamos en la apologética, lo que nos viene a la mente es la ciencia y la razón. ¿Por qué no son estas cosas tan poderosas como el amor?

AL: Bueno, yo diría que se trata más bien de “ambas” en vez de “o una u otra”. Es decir, uno puede utilizar la razón o la lógica, pero no para golpear a la gente en la cabeza y así ganar una discusión. La usamos para servir al amor y para servir a la relación. La clave está en respetar la dignidad de la persona con la cual uno está hablando. Entonces uno utiliza la información que tiene y comparte lo que ha estudiado y aprendido. Se comparte lo apropiado de la manera apropiada con la persona que está hablando.

Así que, no se trata de un “o una u otra”. Uno no le descarga simplemente una conferencia de una hora o una argumentación cosmológica a la persona con quien está hablando. Tenemos que ponernos al nivel que se encuentra esa persona, y moderar lo que uno tenga que decirle.

EC: Así que hay un equilibrio. No todo es lógica; no todo es “lo que necesitas es amor”.

AL: Así es. Déjeme darle un ejemplo. Francis Schaeffer siempre decía que quería dar respuestas sinceras a preguntas sinceras. A menudo se sentaba durante horas con alguien para hablarle de la fe. Una vez, cuando él estaba en Inglaterra, dio una charla sobre historia del intelecto. Había muchos ateos allí, y comenzaron a bombardearlo con preguntas. Eran las siete de la noche cuando comenzó. A la una de la mañana estaba sentado en una silla, y todos estaban sentados en el suelo a sus pies, cautivados por lo que él les estaba diciendo.

En otras palabras, él escuchaba, amaba, estaba dispuesto a tomar en serio sus preguntas, y trataba de dar respuestas de un modo exhaustivo. Eso es lo que lo hacía tan efectivo. Era capaz de combinar la verdad con el amor.

El solo escuchar puede ser una expresión de amor. Recuerdo que una vez había un pastor cuyo hijo estaba luchando con un montón de dudas. Me senté y hablé con él durante tres horas antes de darle alguna respuesta a sus preguntas. Le hice preguntas, pero ellas fueron más bien de carácter informativo. No fue sino realmente al final de la conversación que pude hacer algunas observaciones que, de alguna manera, derribaron todo su castillo de naipes. Entonces lo vio con claridad. En cierto modo, se quedó boquiabierto cuando le dije un par de cosas. Pero yo había dedicado tres horas para escucharlo, para entender realmente la manera como pensaba, y dónde era vulnerable.

Con mucha frecuencia estamos a la defensiva en esas conversaciones. No nos tomamos el tiempo suficiente para escuchar, amar de verdad, y tomar en serio las preguntas que la gente está haciendo.

EC: ¿Por qué a los cristianos les resulta difícil mostrar amor de esa manera?

AL: Supongo que se debe a que amar incondicionalmente puede resultar muy doloroso. Una cosa es amar al principio; otra cosa es seguir amando, incluso cuando el amor no es recíproco. A veces, esto significa sacrificar algo de uno mismo para poder seguir amando.

Es maravilloso cuando uno ama y tiene una respuesta inmediata. Pero se trata de amar aun cuando no se reciba necesariamente en la misma proporción que se da.

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