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El Dios que perdona

Leer | MATEO 6.9-13

Abril 19, 2012

Jesucristo nos dio un modelo para la oración, que incluye el pedir perdón cada día. La invitación al arrepentimiento no es un medio de renovar nuestra salvación, sino un plan para mantener nuestra comunión con el Señor. Cuando confiamos en Jesús como nuestro Salvador, nuestros pecados son perdonados para siempre. Las manchas de nuestros pecados pasados, presentes y futuros son borradas de nuestro historial; sin embargo, somos personas caídas, y por eso seguimos cometiendo pecados.

A excepción de Jesucristo, nadie es perfecto. El pecado es simplemente una realidad de la vida. El pago que hizo el Señor por nuestros pecados significa que podemos esperar una eternidad en la presencia de Dios, en vez de recibir el castigo que merecemos. En este mundo, sin embargo, tenemos que lidiar con nuestra tendencia a hacer el mal, y también con las consecuencias. La advertencia del Señor de que busquemos el perdón cada día, es un recordatorio para que confesemos nuestros pecados y nos alejemos de ellos.

La gracia de Dios no es una licencia para pecar, sino una razón para seguir lo recto. Las malas actitudes, las acciones irreflexivas y las palabras duras no cuadran con nuestra condición de hijos de la luz. Somos nuevas criaturas en Cristo, compradas por precio y hechas libres para vivir como participantes de su gracia.

La salvación es el camino para entrar a la presencia de Dios, mientras que la confesión regular y el arrepentimiento conservan bien ese camino (1 Jn 1.9). La oración de arrepentimiento del pecador para recibir a Cristo se hace una sola vez, pero el creyente aprovechará el perdón de Dios cada día de su vida.

 

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