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¿Dedica usted tiempo para leer la historia de la Navidad? ¿Sigue siendo ella todavía tan maravillosa y significativa como lo fue cuando conoció por primera vez al Señor Jesús como su Salvador?


Diciembre 2012

Apreciado(a) colaborador(a):

En medio de los preparativos para las fiestas navideñas, ¿dedica usted tiempo para leer la historia de la Navidad? ¿Sigue siendo ella todavía tan maravillosa y significativa como lo fue cuando conoció por primera vez al Señor Jesús como su Salvador? O examina rápidamente los versículos, y piensa: “Esto ya lo sé bien. No hay lugar en el mesón, el pesebre, los ángeles, los pastores. Tengo tan poco tiempo que, realmente, no necesito volver a leer eso otra vez”.

Tengo la esperanza de que, en vez de saltarse el pasaje bíblico, lo haga el aspecto central de su celebración. Esta es mi costumbre a medida que la Navidad se acerca cada diciembre: medito en el maravilloso día cuando “aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Jn 1.14). Pienso en el nacimiento de Cristo, y reflexiono en lo que eso significa para nuestro mundo y para mí personalmente. A pesar de que he estudiado la historia de la Navidad incontables veces, nunca quiero que se vuelva obsoleta. Quiero que la realidad de “Dios con nosotros” (Mt 1.23) permanezca fresca en mi mente, y que la gloria de su plan eterno penetre mi corazón como lo hizo la primera vez que lo leí en su palabra.

Cada año, el Padre celestial me revela algo nuevo de lo que Él llevó a cabo mediante el nacimiento de Cristo. Por ejemplo, un año me mostró la maravillosa sabiduría y la sencillez del nombre “Jesús”. Cualquier niño puede pronunciar ese nombre. Imagine que el nombre del Mesías hubiera sido Bartolomé, Sofonías, Habacuc o Zacarías. Cualquiera de ellos hubiera sido muy difícil de pronunciar por los pequeños.

Recuerdo que mi hermana no podía decir “hermano” cuando éramos pequeños, así que siempre me ha llamado “Bubby”. Esa era la única forma como ella podía dirigirse a mí a esa tierna edad. Pero sí podía decir “Jesús”. Podía pronunciar el nombre más dulce que ha existido —el nombre de Dios que significa literalmente “salvador”. Cuando el Padre celestial me enseñó eso por medio de su Palabra, mi fe se vio fortalecida.

La verdad es que podemos fácilmente pasar por alto la asombrosa sabiduría del Señor y su amorosa provisión, especialmente en Navidad, cuando las cosas se ponen más difíciles y pueden volverse borrosas. Esa es la razón por lo que no hay nada mejor que podamos hacer, que examinar muy cuidadosamente la historia de Lucas 2.1-20, que arroja luz sobre la encarnación de Cristo (vea también Isaías 9.6, 7; Mateo 1; Filipenses 2.11). Necesitamos dar una mirada personal al nacimiento del Señor Jesús. Es de mucha ayuda que nos preguntemos: ¿Qué es lo que Dios quiere decirme en cuanto a esto, en este momento?

Tal vez usted no está muy seguro de cómo meditar en estos pasajes, o cómo escuchar lo que el Padre celestial quiere enseñarle. He aquí algunos principios sencillos que le ayudarán a sacar el mejor provecho del relato del nacimiento de Cristo, y de toda la Palabra de Dios. 

Primero, piense con detenimiento en el pasaje. Al leer los versículos, hágase preguntas tales como: quién, cuándo, dónde, qué, por qué y cómo, en cuanto a los detalles clave del pasaje o a las cosas que no tienen sentido para usted. Por ejemplo, al leer Lucas 2, puede preguntarse: ¿Quién fue Augusto Cesar y por qué decretó un censo? ¿Qué es tan significativo en cuanto a Belén, para que Jesús naciera allí? ¿Por qué es importante que María y José fueran de la familia de David? A veces, será fácil encontrar las respuestas en la Biblia, pero, otras veces, podrá necesitar comentarios y léxicos bíblicos que le ayuden a entender lo que significaban los versículos cuando fueron escritos. Sin embargo, hacerse preguntas como éstas pueden ayudarle a entender los pasajes y a sacar de ellos principios capaces de transformar vidas.

Segundo, entienda que el Padre quiere revelarse a nosotros de manera personal. Es realmente extraordinario darnos cuenta, al leer la Biblia, que Dios tiene un mensaje que quiere que recibamos. No nos limitemos a simplemente a memorizar hechos o entretenernos con una historia. Debemos interactuar con nuestro Salvador; con aquel que “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Fil 2.7), para que pudiéramos relacionarnos con Él. De esto se trata la historia de la Navidad. Dios quiere que experimentemos su presencia, recibamos consuelo en su gracia, y encontremos dirección para nuestra vida diaria. Si examinamos las Sagradas Escrituras con la expectativa de escuchar la voz del Señor, nos maravillaremos de las cosas que Él nos mostrará.

Tercero, pídale a Dios que le enseñe cómo aplicar lo leído a sus circunstancias. Pregúntele simplemente: Padre celestial, ¿qué me estás diciendo? ¿Cómo se relaciona este pasaje con mi vida, y cómo debo proceder con lo que me revelas? En realidad, es posible que usted diga: El nacimiento de Cristo fue hace dos mil años. ¿Cómo es posible que eso pueda relacionarse con mi vida hoy? Tenga la certeza de que Él quiere revelarse a usted. De hecho, el Señor promete: “Clama a mí y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jer 33.3).

Por último, confíe en Dios y sométase a Él, no importa lo que le pida que haga. El Señor no nos exige que entendamos su voluntad, solamente que obedezcamos; aunque lo que nos pida no parezca razonable. En ese entonces, es posible que no tuviera mucho sentido que nuestro Salvador naciera de una virgen en un rústico establo de Belén, pero ahora sabemos que era el plan perfecto de Dios para nuestra salvación. Aprenda de la fe que María y José demostraron, y confíe en el Padre celestial, no importa dónde Él pueda guiarle.

Tengo la esperanza de que, en vez de saltarse el relato bíblico, usted lo convertirá en el aspecto central de su celebración de esta Navidad, meditando en el día maravilloso que nuestro Salvador vino a morar entre nosotros. Ciertamente, dedicar tiempo a la santa Palabra de Dios es el mejor regalo que usted puede darse a sí mismo. Que el Señor le bendiga por enfocarse en Él. Que tenga usted una Navidad muy feliz.

 

 

Suyo en Cristo,

Charles F. Stanley

P. D. Le invito a leer la revista En Contacto de este mes. En ella, he escrito un artículo titulado “Antes de todas las edades”, en el que hablo de los elaborados detalles del plan redentor de Dios. Como siempre, gracias por colaborar con Ministerios En Contacto en la tarea de guiar a personas de todo el mundo a cultivar una relación más estrecha con Jesucristo.

Copyright 2014 por In Touch Ministries, Inc. Todos los derechos reservados. En Contacto concede permiso para imprimir este material solo para uso personal.

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1 comments
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  • December 05, 2012 02:19 AM

    by

    ¡BENDICIONES! y que pase una Feliz Navidad con Jesús, Él es nuestra razón de vivir y tenemos que demostrarle cuan agradecidos estamos, le pido a Dios que me prepare para predicar su palabra y ganar muchísimas almas para Él.......Feliz Día

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