Leer | SALMO 119.9-16
Abril 13, 2012
¿Cuál es su reacción cuando lee que David era un hombre conforme al corazón de Dios (Hch 13.22)? Muchos lo admiramos como un gigante espiritual, y pensamos que nunca podremos ser como él. Pero el Señor no ha reservado este título solamente para un hombre. Él quiere que todos nosotros le busquemos, como lo hizo David. Uno de nuestros problemas es la tendencia a concentrarnos en solo una parte de su historia. Tendemos a olvidar que el relato bíblico da un registro de toda la vida del rey David. Él tuvo que comenzar a buscar al Señor de la misma manera que lo hacemos nosotros: paso a paso.
El hambre de Dios no suele aparecer de pronto en nuestros corazones. La mayoría de las veces es algo que debe ser cultivado. El lugar para comenzar es la Biblia. Allí es donde escuchamos al Señor, hablándonos con su Palabra.
Otro elemento esencial es la oración. Mientras lee sus palabras, comience a hablar con Él. Si todo le parece aburrido y sin sentido, pídale a Dios que trabaje en su vida para hacer que las Sagradas Escrituras cobren vida.
El paso siguiente es la meditación. No se limite simplemente a leer apresuradamente la Palabra, para poder decir que ha leído la Biblia. Vaya despacio, y piense deliberadamente en lo que ha leído. ¿Qué descubrió acerca de Dios?
El último paso es perseverar. Es posible que el hambre de Dios no se le desarrolle de inmediato, pero recuerde que usted está buscando tener un cambio de corazón que dure toda la vida. Siga llenándose con el combustible que lleva a la transformación: la Palabra de Dios, la oración y la meditación.