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Agradecidos por los dadores de Dios

Pablo elabora la carta perfecta de agradecimiento

POR ALLEN HARRIS

Hay una vieja historia que dice más o menos lo siguiente:

Había una vez un devoto creyente cuya casa estaba en peligro por una inundación. Llamémoslo Tomás. Temprano esa mañana, Tomás escuchó un mensaje urgente por radio diciendo que todos los moradores debían marcharse de sus casas y buscar un terreno más seguro. Tomás respondió con tranquila confianza. “¿Marcharme? No, yo me quedo aquí. Dios me cuidará”.

Al mediodía la tormenta rugía, y se habían formado pozos gigantescos en todo el vecindario. El jefe de la policía condujo su patrulla a la casa de Tomás, llamó a la puerta, y ofreció ponerlo a salvo. Tomás respondió: “No, yo me quedo aquí. Dios me cuidará”.

A las 3:00 p. m., el agua había cubierto por completo el terreno, y un fuerte caudal corría furiosamente por la calle. Un vecino llegó remando en su bote, y le pidió a Tomás que viniera con él. Tomás respondió: “No, yo me quedo aquí. Dios me cuidará”.

A las 6:00 p. m., las aguas habían inundado casi toda la casa de Tomás. Éste se había subido al techo, donde se sentó a ver subir el nivel del agua. Un piloto de búsqueda y rescate divisó a Tomás desde su helicóptero y descendió rápidamente para rescatarlo. Pero Tomás le gritó: “No, yo me quedo aquí! ¡Dios me cuidará!

A las 8:00 p. m., Tomás se ahogó. Cuando se encontró con el Señor, estaba consternado y adolorido. Le dijo: “Señor, ¿qué pasó? Yo vivía confiado plenamente en que me cuidarías. ¿Por qué no me ayudaste?” El Señor respondió: “Te avisé por medio de la radio, de un vehículo, de un bote y de un helicóptero! ¿No me reconociste?

CÓMO RECONOCER EL AUXILIO DE DIOS

Esta historia imaginaria muestra un asunto con el cual luchan muchos creyentes: cómo y cuándo aceptar la ayuda de los demás. Parece, con frecuencia, que estamos perfectamente dispuestos a molestar a nuestros vecinos pidiéndoles favores pequeños, como una taza de azúcar, o que nos sirvan de niñeros; sin embargo, no estamos tan dispuestos a confiar en ellos cuando se trata de necesidades más grandes y más importantes.

Es casi como si hubiera una línea divisoria en nuestra progresión de necesidades. Nos fiaremos de un amigo para que nos prepare una comida cuando estamos enfermos, pero si nuestro auto se avería y necesita una reparación de 3.000 dólares, un asunto de esa dimensión le pertenece a Dios solamente.

La verdad es que, a veces, parece como si no supiéramos cómo ver el auxilio de Dios a través de nuestros amigos. Él da la taza de azúcar; Él da los 3.000 dólares que un amigo puede proporcionarnos para una reparación del carro; Él provee el helicóptero para salvarnos de un tejado inundado. Él suple para todas estas necesidades, grandes y pequeñas; y Él decide, muchas veces, dar respuesta a esas necesidades a través de otras personas. ¿Por qué no vemos su mano en toda esta provisión? ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo aceptar la ayuda de Dios cuando Él está usando las manos de otra persona?

UNA SITUACIÓN INCOMODA

Si esta pregunta le produce un poco de incomodidad, si le resulta difícil recibir la ayuda de Dios por medio de manos humanas, entonces no se desaliente: eso le sucede a todo el mundo. Algunos eruditos creen que hasta el apóstol Pablo luchó con la manera de responder al auxilio divino cuando éste le fue dado mediante ayuda humana.

Al final de Filipenses, encontramos un sorprendente conflicto interno cuando el apóstol trata de concluir su carta dirigida a una de sus iglesias favoritas. ¿Cuál es el problema? Sus amigos le habían hecho una ofrenda, y él está tratando de decir gracias. ¿Por qué le resultaba tan difícil hacer eso?

Pablo disfrutaba de una relación especial con la iglesia de Filipos. Ellos habían estado con él en los buenos tiempos y en los malos. Cuando Pablo escribe esta carta, está viviendo momentos difíciles. Ha estado encarcelado durante su viaje misionero, y sus amigos filipenses han respondido enviándole una generosa ofrenda por medio de un mensajero, Epafrodito. Una de las razones principales de Pablo para escribir esta carta, es darles las gracias. Sin embargo, parece que no puede sencillamente decir gracias.

Si usted lee Filipenses 4.10-19 con esto en mente, notará algo sorprendente. Pablo, en realidad, está diciendo: “Gracias, pero no la necesito”. ¡Va de aquí para allá cuatro veces! Primero, les da las gracias, pero luego trata de decir que la ayuda de Dios era suficiente para él. ¡Hasta Pablo luchó con Dios cuando le trajo alivio por medio de otras personas!

GRACIAS, PERO TENGO CONTENTAMIENTO

En los versículos 10-13, Pablo hace su primer intento de dar gracias, diciendo: “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí”. Aun aquí, podemos ver la principal preocupación de Pablo: está agradecido porque ellos han sido dirigidos a dar, no necesariamente por la ofrenda que enviaron.

Puede parecer descortés que Pablo no les dé las gracias por lo que enviaron, pero esto muestra un sensible conflicto interno en el apóstol. A lo largo de todo su ministerio, Pablo se había negado a aceptar pago por su trabajo (aunque él creía que las iglesias tenían la responsabilidad de pagar bien a los ministros). Tomó la decisión personal de vivir de un oficio —fabricando tiendas— y de hacer su trabajo pastoral sin cobrar nada. Por tanto, cuando los filipenses le dan esa generosa ofrenda, Pablo parece no saber cómo agradecerles sin crear la expectativa de que otras iglesias también le dieran dinero.

Por esto, Pablo se apresura a evitar la apariencia de descortesía con una sutil redirección: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”. Con esto, Pablo presenta una de las lecciones más claras, y no obstante más breves, en cuanto al contentamiento en la Biblia.

Para Pablo, el contentamiento es un estilo de vida. Es su declaración de que nunca será dominado por las circunstancias externas. Ya sea que esté en el palacio más majestuoso, o en la cárcel más vil, el contentamiento de Pablo viene del Señor a quien sirve. Como tal, ningún enemigo puede robárselo, y ningún amigo puede añadirle nada.

Al igual que muchas disciplinas, el contentamiento es una realidad espiritual con consecuencias sociales. Pablo aprecia sinceramente la ofrenda, y no quiere ser descortés con sus amigos. En tal sentido, tiene mucho cuidado en expresar su gratitud, y al mismo tiempo dirigir sus verdaderas gracias a Dios, honrando así a sus compañeros de Filipos y enseñándoles por qué motivo su contentamiento personal nunca depende de los altibajos de las circunstancias externas.

GRACIAS, PERO LOS MÁS BENDECIDOS SON USTEDES

Con el tema del contentamiento ya resuelto, Pablo da de nuevo gracias a sus amigos en el versículo 14: “Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación”. Después hace la audaz afirmación de que ninguna otra iglesia se había ocupado alguna vez de él, tanto como la de los filipenses.

Pero, de nuevo, comenzando en el versículo 17, interrumpe su mensaje de gracias con una lección de moral: el don de dar. Pablo parece aquí estar más interesado en el alma generosa de los filipenses, que en la ofrenda que le enviaron. Él dice: “No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta… [vuestra ofrenda es] olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios” (cursivas añadidas).

Por último, Pablo concluye esta inigualable carta de agradecimiento con un recordatorio de la fuente de toda buena dádiva: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (v. 19, cursivas añadidas).

El énfasis de Pablo no está en la ofrenda material. Más bien, parece estar motivado por comunicar dos verdades. En primer lugar, quiere que sepan que todas las dádivas vienen de Dios. Una y otra vez, es el Señor quien se cruza en la vida de Pablo para darle todo que él necesita, desde el alimento y la sanidad, hasta los escapes milagrosos de una muerte inminente.

A veces, estos regalos son dados milagrosamente; y otras veces son enviados por manos humanas. No importa cómo lleguen, Pablo está convencido de que toda bendición es enviada por Dios para satisfacer una necesidad específica, y quiere que los filipenses sepan que el Señor dará respuesta a las necesidades de ellos de la misma manera.

En segundo lugar, Pablo hace énfasis en que la mayor bendición en este asunto no es para él, sino para los filipenses. El llamamiento a dar es un honor, y la voluntad de dar es la característica de una fe madura, vibrante y creciente. Lo que más conmueve a Pablo es el hecho de que los miembros de la iglesia habían hecho un esfuerzo extraordinario, enviando incluso a uno de ellos a entregar personalmente la ofrenda, para apoyarlo y alentarlo en su necesidad.

El tema prevaleciente en toda la carta es el amor: el amor de Dios al suplir; el amor de los filipenses al responder; y el amor de Pablo al expresar gratitud y redirigir la alabanza a Dios. En esta conmovedora, aunque nada fácil conclusión, Pablo dibuja a la iglesia de Dios en su mejor expresión.

ACEPTAR LA MANO AUXILIADORA DE DIOS

Estos nueve versículos tenían un enorme potencial personal y relacional para Pablo y los filipenses. Si enfatizaba demasiado su agradecimiento personal, eso podía dañar su relación ministerial al crear falsas expectativas en cuanto a ofrendas futuras. Si no les daba las gracias en absoluto, sin duda quedaría como descortés y petulante, al despreciar su generosidad. En definitiva, su respuesta tenía que ser prudente, mesurada y manejada con cuidado y oración. El resultado es una obra maestra, un equilibrio entre acción de gracias, contentamiento y estímulo.

¡Qué testimonio tan fantástico para quienes luchamos con la manera de aceptar de manera adecuada y respetuosa la ayuda de otras personas! No debemos recibir y recibir todo el tiempo, animando con esto a que los demás sigan dándonos. Tampoco debemos rechazar sus manos generosas diciendo: “¡No! ¡Dios me cuidará!” como el viejo Tomás, sentado mientras crecían las aguas. En vez de eso, tenemos que lograr ese mismo equilibrio demostrado por Pablo, y ponernos al lado de nuestros amigos para dar gracias a Dios por su dádiva, y por sus dadores.

10 comments
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  • November 02, 2013 05:11 PM

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    Nosotros no aprendemos a dar gracias, nuestro mundo es el de pedir y más pedir, gracias por este momento que aprendido, a sido una bendición para mi,
    que Dios siempre les bendiga.
  • November 30, 2010 10:49 AM

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    Gracias Dios por TODO
  • November 23, 2010 08:27 PM

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    muy buen mensaje dios les continue bendiciendo doy gracias a Dios porque hasta el dia de hoy me a guardado
  • November 23, 2010 09:32 AM

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    Dios nos da las mas sublimes muestras de su amor cada día y en cada persona que en nuestra vida está.
  • November 23, 2010 09:32 AM

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    Dios nos da las mas sublimes muestras de su amor cada día y en cada persona que en nuestra vida está.
  • November 19, 2010 09:03 AM

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    Gracias Padre Celestial,porque realmente tenemos que reconocer que siempre estas manifestandote en todo momento,enseñanosaser agradecidos, teamo, te alabo y te exalto...Bendito seas..
  • November 12, 2010 10:50 AM

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    Gracias Dios, porque siempre hablas a tiempo, nuestra logica es tan limitada que a veces no vemos tu actuar, te alabo y te honro padre amado.
  • November 12, 2010 07:22 AM

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    Gracias Señor por tu amor que completa nuestras vidas; a través de personas q responden a tu amor...enseñanos a ser agradecidos y que siempre ,siempre tu nombre sea alabado y honrado!!!!
  • November 10, 2010 07:18 AM

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    ciertamente vivimos momentos como esos a lo largo de nuestra vida, pero la verdad es que Dios quiere ayudarnos en todo.
    ¡Dios te Bendiga!
  • November 09, 2010 08:04 AM

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    muy buen mensaje Dios le bendiga

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