¿Elige usted dar su vida por los demás?

Febrero 2012
Apreciado(a) colaborador(a):
Hace dos años, tuve el gran privilegio de visitar la Academia Militar de West Point para hablar a los cadetes allí. La ocasión fue la presentación anual de biblias de la Sociedad Americana de Tratados a los nuevos estudiantes, y se me pidió que trajera un mensaje de la Palabra de Dios. Después, fuimos invitados a comer con varios de esos valientes jóvenes.
Mientras hablábamos, les pregunté por qué habían elegido estudiar en West Point, conocida por ser una de las instituciones educativas más rigurosa de la nación y, en última instancia, que lleva a una vida de grandes sacrificios. Después de graduarse deben servir como oficiales en el ejército de EE.UU. y muy probablemente viajar al extranjero para combatir en guerra. Después de todo, es para eso que son entrenados: para liderar a otros en la batalla.
Uno tras otro, estos cadetes repitieron el mismo sentimiento. Amo a mi país y, si es necesario, elijo dar mi vida por él. Creo que vale la pena proteger a esta nación, y voy a defender lo que creo. Eso me recordó las palabras de Jesús en Juan 15.13: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”. Es una afirmación increíble, si uno piensa en ella.
En el mundo que nos rodea, usted y yo vemos numerosos casos en los que las personas no renuncian a sus preferencias y opiniones en favor de quienes aprecian, y mucho menos a sus vidas. Pero el mandamiento que nos dio el Salvador es: “Que os améis unos a otros, como yo os he amado… En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Jn 13.34, 35).
Pero, ¿qué significa esto exactamente? ¿Cómo quiere el Señor Jesús que nos amemos unos a otros? Para entender esto, primero debemos meditar en cómo nos ama Él.
En primer lugar, el Señor Jesús le ama a usted abnegadamente. El Salvador está dedicado a usted por lo que es, no por lo que pueda hacer para Él. De hecho, Filipenses 2.7, 8 enseña que Cristo le amó tanto que dejó su glorioso hogar en el cielo solo para darle a usted el camino a la salvación. Él “se despojó, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres… Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Dejó su trono magnífico, la adoración de las huestes angelicales y el bienestar del cielo para salvarle. Él no se reservó nada de sí mismo por interés propio. Lo dio todo por usted.
En segundo lugar, el Señor Jesús le ama comprensivamente. Si hay una cosa de la que puede estar seguro, es que Cristo entiende sus sufrimientos, fallas y limitaciones. El sabe por qué responde usted a la situación de la manera como lo hace. Hebreos 4.15, 16 le asegura esto: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. El Señor es compasivo en cuanto a su dolor, y le acepta cada vez que le busca.
Esto nos lleva al tercer punto: el Señor Jesús le ama misericordiosamente. Sí, habrá momentos cuando peque y se sienta separado del Salvador. Pero 1 Juan 1.9 promete: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. La razón por la que Dios odia el pecado, es porque éste es un destructor que domina su vida y le impide experimentar lo mejor que Él tiene para usted. El Padre celestial quiere limpiarle de su pecado lo más pronto posible, para llevarle nuevamente al camino correcto.
Finalmente, el Señor Jesús le ama sacrificialmente. Hebreos 12.2 nos dice que el Señor Jesús, “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio”. ¿Cuál era el gozo de Cristo? Traerle a usted de vuelta a una relación con Él. Sin embargo, el Señor pagó un gran precio por esto: una muerte terriblemente dolorosa en la cruz. Un amor grande exige un sacrificio inmenso en bien de la persona amada. Nadie demuestra mejor eso que nuestro Salvador.
A la luz de cómo el Señor nos ama, ¿cómo estamos llamados a interesarnos por los demás, y amar a las demás personas? Primero, debemos amarlas abnegadamente, no por lo que podemos ganar nosotros, sino por la vida eterna que ellas necesitan. Segundo, debemos esforzarnos por comprender lo que las motiva, y aceptarlas siempre como lo haría Cristo. Tercero, debemos amarlas misericordiosamente, recordando que Cristo nos ha perdonado mucho más. Y cuarto, debemos amarlas sacrificialmente, lo que puede significar que dejemos a un lado nuestros objetivos, e incluso que soportemos sufrimientos por el mayor bien de los demás.
Por tanto, le pregunto hoy: ¿Elige usted dar su vida por los demás? ¿Vale la pena proteger el destino eterno de las personas que usted ama? ¿Cree usted, de verdad, en el evangelio de Jesucristo? ¿Le será fiel amando a otros, como lo hizo el Salvador?
Es posible que no vayamos a un conflicto armado como los cadetes de West Point, pero sí peleamos una intensa batalla por la eternidad de las personas. Dios nos da una gran arma con la cual tener la victoria: el amor abnegado, comprensivo, perdonador, sacrificial e incondicional. Así es como la gente sabe que pertenecemos a Él, y también la razón por la que desearán conocerle también.
Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley
P.D. Próximamente estaremos transmitiendo por radio y televisión la serie En la escuela de la Fe. Es mi oración que esta serie le ayude a cultivar una vida de obediencia al Padre celestial y pueda amar siempre a los demás, de la misma manera en que Él le ama a usted. No olvide visitar encontacto.org/fe para obtener más información. Gracias por colaborar con Ministerios En Contacto a llevar a personas en todo el mundo a tener una relación cada vez mayor con Jesucristo. Que el Señor le bendiga abundantemente por amar a los demás por causa de Él.
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