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Selah en el cielo


Por qué nunca debemos dejar que el mundo nos robe nuestro gozo.

por Jamie A. Hughes

¡Ruido, ruido, ruido y más ruido!

A medida que la temporada navideña de 1998 avanzaba, me sentía cada vez más ofuscada. El hecho de trabajar en una tienda seis días a la semana, significaba que tenía los oídos bombardeados por sonidos —una cacofonía de ruidos y zumbidos, de anuncios en los altavoces, de niños gritando y de canciones navideñas. Sabía que la gente a la que atendía estaba tan estresada y sobrecargada como yo, pero eso no impedía que me sintiera como un saco de boxeo cuando pagaban sus frustraciones conmigo. Después de unas pocas semanas, mi espíritu navideño se había agotado.

Trabajar en una tienda durante la Navidad es difícil, incluso para los cristianos que conocen la verdadera razón de la celebración. Pero ese año había sido especialmente difícil para mi familia, con seis de nosotros trabajando largas horas en tiendas diferentes. Volvíamos a casa, intercambiábamos experiencias desastrosas para ver quién tuvo la desventura más interesante, y volvíamos a hacer lo mismo el día siguiente. Era una especie de estrategia de supervivencia, nuestra manera de mantenernos risueños a pesar de las circunstancias, pero la triste verdad era que la temporada de Navidad se había convertido en algo que había que soportar en vez de disfrutar.

Cuando después de un mes menguó todo ese caos, pudimos tener una tranquila celebración de Nochebuena, y nos fuimos a dormir temprano. Mientras estaba acostada, escuchaba los sonidos familiares de mis seres queridos preparándose también para irse a dormir. Pero cuando todos se quedaron dormidos y el cielo de la noche silenciosa comenzó su vigilia, yo sabía que tenía más posibilidad de entender la física nuclear que de quedarme dormida. Yo no estaba pensando en los regalos que iba a encontrar bajo el árbol, ni en escuchar a Papá Noel y a sus renos en la azotea. (Sin embargo, reconozco que si él realmente se hubiera deslizado por la chimenea esa noche, habría golpeado al viejo en la cabeza sin una pizca de remordimiento). Sí, estaba agotada físicamente, pero también furiosa porque había cantado “¡Al Mundo Paz, Nació Jesús!” esa noche, sin sentir verdaderamente gozo. Amaba a Jesucristo, pero por primera vez no podía decir: “mi corazón ya tiene luz”.

Nunca había experimentado algo parecido a este malestar que había en mi alma, y el silencio lo volvía más insoportable. Así que, cuando me aseguré de que todos estuvieran durmiendo plácidamente, bajé las escaleras y me dirigí al patio trasero de la casa. Una brisa fresca soplaba desde el océano, trayendo el fresco aroma del mar y agitando suavemente las hojas de los árboles. El afelpado césped que había debajo de mis pies parecía tan bueno como la cama que había dejado, y entonces me tumbé sobre él con los dedos entrelazados detrás de la cabeza, y cerré los ojos.

Respiré profundamente por primera vez en semanas, y busqué una sensación de Selah, una palabra que los eruditos bíblicos traducen como “pausa”, “detenerse y escuchar”, o incluso “hacer una pausa y pensar en algo con calma”. Se encuentra en muchos de los salmos, y también en Habacuc; en cada caso, aparece después de una descripción del poder y la gloria de Dios, que exige la contemplación. Pienso también en Selah como el centro de calma en mi alma, en el que reside “la paz de Dios” (Fil 4.7) y donde su “silbo apacible y delicado” habla más claramente (1 R 19.12). No fue sino hasta que busqué deliberadamente esta pausa, que me di cuenta de que mis frustraciones no eran culpa de Dios, sino mía. Había permitido que el bullicio de la temporada navideña bloqueara mi acceso a la paz de Dios. Al instante, oré silenciosamente, pidiendo al Señor que me permitiera experimentar la belleza de todas las semanas previas al día de Navidad.

Cuando finalmente abrí los ojos, fui saludada por un cielo repleto de estrellas. La hierba doncella, la rosa, el ámbar y el alabastro —todos ellos brillaban como piedras preciosas en el terciopelo de un joyero. Mientras miraba aquello, absorta y fascinada, se me ocurrió pensar que esas fueron las mismas luces que habían decorado el cielo de la noche en la primera Navidad; esa noche de paz cuando tuvo lugar el acontecimiento más grande en la historia de la humanidad, en la que un ángel nos trajo “nuevas de gran gozo” (Lc 2.10). Tendida allí sobre la tierra, y con la inmensidad de la creación delante de mí, había sido conducida a la presencia de Dios y, al igual que el salmista, solo pude decir: “Alabad a Dios en su santuario, alabadle en la magnificencia de su firmamento… Alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza” (Sal 150.1, 2).

Pasaron varios minutos antes de que me diera cuenta de que estaba tarareando, pero no era el majestuoso “¡Aleluya!” de Handel, o incluso “Noche de Paz” —cánticos apropiados para ese despliegue que estaba frente a mí. En vez de eso, yo estaba cantando “I Wonder As I Wander” (Me maravillo mientras vago), una melodía de los Montes Apalaches que he amado desde que era una niñita. A diferencia de la mayoría de los villancicos, compuestos con tonos alegres y festivos, éste es melódico e inquietante, que comienza con una idea profunda, pero expresada de una manera sencilla:

Me maravillo mientras vago bajo el cielo,
De cómo Jesús el Salvador vino para morir
Por gente mala y hostil como tú y como yo.
Me maravillo cuando vago bajo el cielo.

Al igual que el autor de esa canción, examiné las estrellas y contemplé al Dios que las había hecho a ellas y a mí con igual dedicación. Y, al igual que David, pregunté: “¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” (Sal 8.4). El cielo sirvió como su silenciosa respuesta, y lo que Él dijo me asombró y me dio una lección de humildad.

Basta ver los cielos, obra de sus dedos (cp. Sal 3.8), para reconocer que nuestro Creador valora a cada uno de nosotros más intensamente que la suma total de su firmamento. Y, así como lo hizo aquella noche, mi alma sigue cantando al pensar en eso.

Selah.

“I Wonder As I Wander” por John Jacob Niles. © 1934 G. Schirmer Publishing (Administrado por Music Sales Corporation). Reservados todos los derechos. Usado con permiso.

 

12 comments
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  • December 28, 2012 07:28 PM

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    GRACIAS POR ESTA LECTURA,,


  • December 28, 2012 04:58 PM

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    Solo bastate de mi Gracia.
  • December 27, 2012 07:37 PM

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    GRACIAS JESUS, LO NECESITABA.
    JANETT....................
  • December 25, 2012 12:12 PM

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    gracias al SEÑOR porque cuantos hijos suyos necesitamos parar y reconocer cuan importantes somos para EL. no solo en esta fecha sino a lo largo de nuestra vida
  • December 23, 2012 08:03 PM

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    Hermosa! . La necesitaba en estos momentos. Gracias
  • December 20, 2012 07:29 AM

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    Hermoso.Bendiciones
  • December 14, 2012 08:29 PM

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    Dios acaba de hablar a mi vida con esta lectura, ha llegado en el momento indicado!!
  • December 07, 2012 10:41 AM

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    buenicima!!
  • December 07, 2012 02:44 AM

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    Just love it.....
  • December 04, 2012 10:04 AM

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    hermosa historia.. bendiciones
  • December 02, 2012 11:56 PM

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    It is a beautiful experience. It made me cry and reflected
  • December 01, 2012 07:46 PM

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    stunning meditation

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