Por el personal de En Contacto
La Biblia da gran importancia a la iglesia. Es la casa de Dios, columna y baluarte de la verdad (1 T 3.15); la esposa de nuestro Señor Jesucristo (Ap 21.2); y el cuerpo mismo del Señor (Ro 12.5). Es esencial para la vida y la vitalidad espiritual de todo cristiano.
Pero hoy día, encontrar una comunidad local de creyentes dónde adorar, orar, y con la cual estar relacionado, puede ser un proceso largo y difícil. ¿Qué debe buscar una persona en una iglesia que pudiera llegar a ser su congregación? A lo largo del año, recibimos numerosas cartas, llamadas telefónicas y correos electrónicos que hacen estas y otras preguntas parecidas. Hemos preparado la siguiente guía como una ayuda para determinar si una congregación es sana y vale la pena unirse a ella. Así que, si usted es nuevo en la iglesia, o ha estado asistiendo desde hace algún tiempo o incluso si ya es miembro de una congregación, considere la posibilidad de evaluar si su hogar espiritual es el correcto, basándose en estas pautas fundamentales.
Dondequiera que usted se encuentre en su andar con el Señor, es importante que encuentre un lugar dentro del cuerpo de Cristo. Como dice Hebreos 10.25 (NVI): “No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros”. Nuestras vidas dependen precisamente de hacer eso.
Las creencias correctas
Los compradores de viviendas a menudo se sienten seguros de que encontrarán pronto la casa perfecta en el lugar ideal, hasta que se dan cuenta de que la casa perfecta no existe. Comienzan a diferenciar las necesidades de las preferencias. Buscar una iglesia con las creencias correctas puede ser parecido. Puesto que es útil saber qué aspectos merecen un poco de flexibilidad de nuestra parte, y en los que nunca se debe transigir, el Dr. Stanley ha recopilado una lista de los que no están sujetos a negociación. Las iglesias deben creer que…
La Biblia no tiene error y es infalible. La Sagrada Escritura la perfecta revelación de Dios a su pueblo es útil y necesaria en nuestra vida diaria (2 Ti 3.16).
Jesús es efectivamente Dios (Jn 1.1, 2, 14). Él es Dios Hijo, miembro de la Trinidad, junto con Dios Padre y Dios Espíritu Santo. Si Jesús hubiera sido un hombre común y corriente, habría sido un pecador como el resto de la humanidad. El castigo por nuestro pecado tenía que ser pagado por alguien que nunca había pecado (Dt 17.1; Jn 1.29).
Jesús nació de una virgen. Tener fe en la Palabra de Dios incluye creer en su relato del nacimiento milagroso de Jesús (Mt 1.23-25).
Cristo resucitó corporalmente. Jesús salió de la tumba físicamente, no simplemente como espíritu (Jn 20.24-29).
Jesús regresará. La Biblia es clara en cuanto a que Cristo volverá a la Tierra para llevar a sus seguidores a la patria celestial (1 Ts 4.13-18).
Habrá un juicio futuro, así como hay un cielo y un infierno. Al volver como un juez justo, Cristo separará a su pueblo de quienes no le conocen (Mt 25.31-46), y cada grupo tendrá un lugar dónde ir.
La muerte de Jesús en la cruz fue expiatoria. La base de nuestra fe es que Jesús, por su amor incondicional y perfecto, cargó con el castigo que nosotros merecíamos. La vida eterna y el perdón son nuestros por medio de su muerte y resurrección, y no por algo que hayamos hecho (Jn 3.16; Ro 5.6-8).
Visitar varias veces a una iglesia no revelará necesariamente su posición en cuanto a estos temas; por tanto, reúnase con un líder de la iglesia que pueda responder sus preguntas. Y ore pidiendo dirección. Por ser Dios quien distribuye los dones espirituales entre los creyentes, el Espíritu Santo sabe dónde pueden utilizar mejor sus capacidades para servir a los demás, y también qué comunidad de creyentes pueden ministrar efectivamente a sus necesidades.
Enseñanza bíblica
La actitud del pastor y de la congregación hacia la Biblia es sumamente importante. ¿Es la Biblia simplemente parte de su tradición religiosa, o la ven como la Palabra de Dios? ¿Interpreta el pastor a la Biblia literalmente donde sea posible, o cree que la erudición moderna o los descubrimientos científicos han desacreditado a ciertos pasajes? ¿Es la verdad de las Sagradas Escrituras el centro de su sermón? ¿O son las anécdotas, las opiniones personales, o las enseñanzas de otros, el centro de atención? Lo ideal es que usted se marche de cada servicio de la iglesia sintiéndose animado, convencido y fortalecido por la Palabra de Dios.
Además de evaluar el papel de la Biblia en el servicio de adoración, evalúe las oportunidades que la iglesia ofrece para aprender la verdad de la Palabra. Independientemente de la forma que adopte la enseñanza dentro de la congregación, preste atención a los creyentes que confíen en que la Palabra de Dios es confiable, y busquen sinceramente aplicarla en sus vidas diarias.
Adoración fervorosa
La música es un regalo hermoso de nuestro Padre Celestial que nos ha dado para que podamos expresarnos con una profundidad que supera lo que las palabras pueden comunicar. Para los creyentes, reunirse en el canto como una comunidad, es una forma de adoración fundamental. Es por eso que Pablo aconsejó a los cristianos de Éfeso: “Sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Ef 5.18, 19).
Ya sea que una iglesia utilice himnarios o un proyector, una orquesta o voces a capella, la música de adoración no debe ser considerada como una actuación por la congregación. En vez de eso, se espera que todos canten el “cántico nuevo” del que habló David el que ha puesto el Padre celestial en nuestros corazones, y que el mundo no puede entender (Sal 96.1). Él es el público y nosotros el coro. Lo importante es que adoremos en espíritu y en verdad (Jn 4.24).
Aunque la razón por qué cantan los creyentes es lo más importante, qué cantan es también significativo. Cuando adoramos juntos, el objetivo debe ser honrar a Dios al ofrecernos a Él. Por esto es esencial que la iglesia escoja música que sea teológicamente sana y que esté basada en la Palabra, para que hable a nuestro corazón y a nuestra mente. Recuerde siempre que el canto prepara a los fieles para recibir la Palabra de Dios cuando sea presentada. Por tanto, “Venid, clamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación” (Sal 95.1).
Discipulado
Una iglesia debe ocuparse de hacer discípulos fieles que con el tiempo sean capaces de enseñar a otros (2 Ti 2.2). El objetivo final de todo discipulado es que el cuerpo de Cristo se asemeje cada vez más a su Cabeza —el Señor Jesús. Lo que esto significa, en un sentido práctico, varía de una iglesia a otra, pero la motivación es siempre la misma: crecer en obediencia a Cristo y llegar a ser más como Él como resultado de esa obediencia. No hay una fórmula exacta en cuanto a cómo se manifestará esto en una comunidad de fe, pero algunas señales típicas de que la iglesia tiene una mentalidad de discipulado son: los grupos pequeños, los estudio bíblicos, las clases y seminarios especiales, la responsabilidad moral personal de los miembros, y los programas de enseñanza. Incluso un proyecto de servicio a la comunidad, o una comida regular de la comunidad, pueden ser una ocasión para discipular, ya que los creyentes se reúnen y hablan de lo que están aprendiendo o de las luchas que están teniendo.
Evangelización deliberada
Como discípulos de Jesús, conocemos el gozo de haber sido vivificados por Dios. Una de las razones por la que todavía estamos en la tierra en vez de haber sido arrebatados al cielo, es para que compartamos este gozo con quienes no conocen al Salvador. Son llamados con frecuencia “perdidos”, porque no están orientados todavía a su verdad y a su amor incondicional, que son el único contexto para conocer nuestro verdadero lugar en este mundo. Pero, gracias a la muerte del Señor Jesús y de su resurrección, podemos dar a los demás la buena noticia: Que Él quiere que sean salvos, que se arrepientan de sus pecados, que reciban el regalo de la salvación, y que anden en sus caminos.
Una iglesia que evangeliza deliberadamente tendrá una buena estrategia para llegar a los no creyentes. Aunque esto puede incluir el compartir el evangelio abiertamente con extraños, una congregación que tiene una visión a largo plazo de la evangelización, ve normalmente un compromiso más fructífero y más profundo con aquellos que se convierten bajo su cuidado.
En términos prácticos, la evangelización efectiva comienza con la demostración del amor de Dios por medio de actos de bondad y servicio. De esta manera, los cristianos se ganan el derecho de ser escuchados por sus vecinos no creyentes (Ro 2.4). Una congregación cuidadosa hace esto conociendo la situación material, intelectual y espiritual de las personas. En esto, imitan al Señor Jesucristo: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Mr 10.45). Aunque Jesús llamó a los pecadores al arrepentimiento, también pasaba tiempo con ellos, se ocupaba de sus sufrimientos, y hablaba la verdad en amor.
La Biblia nos llama a imitar al Señor (Ef 5.1). Una congregación sana necesita difundir las buenas nuevas del evangelio, y tener cuidado de mantener el espíritu correcto para hacerlo. Como dijo Pablo a los colosenses: “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Col 4.5, 6).
Vida en comunidad
El cristianismo no es para llaneros solitarios. Debemos practicarlo —o, más exactamente— vivirlo con otras personas (He 10.23-25). Esa vida en comunidad puede darse de muchas formas, desde la escuela dominical hasta los grupos; desde la hora del café hasta las cenas en la iglesia. En realidad, necesitamos muchas clases de oportunidades para apoyarnos unos a otros con una camaradería vivificante.
Debido a que nuestra peregrinación de fe nunca fue concebida para vivirla solos, el crecimiento es difícil sin una comunidad en la que las señales de esta vida sean claras. Si comparamos a la iglesia con un cuerpo, como lo hace la Biblia, tendremos una idea clara: En un cuerpo físico sano, los miembros están conectados con la cabeza y funcionan como un todo cohesionado por la naturaleza y la necesidad. Del mismo modo, una familia espiritual que reconoce su propia vida como la vida de Cristo, es vibrante, con la presencia de su Espíritu. Reconoce el sufrimiento de nuestro mundo incluyendo a las personas que componen su membresía, pero cree firmemente en la buena noticia de la sanidad y la restauración. Una congregación sana demuestra esto al crear una relación en las que se comparten mutuamente las cargas y se celebran las victorias de todos (Gá 6.2; Ro 12.15). Porque todos los miembros del cuerpo son igualmente importantes, las oportunidades para crecer juntos abundan.
Una iglesia sana a menudo parecerá con frecuencia un misterio maravilloso a los observadores, personas que al comienzo pudieron haber tenido poco en común, pero que ahora comparten sus vidas y están consagradas unas a otros. Esta comunidad estará llena de personas que están aprendiendo a amarse unas a otras a pesar de sus diferencias, trabajando en unidad.
La Trinidad, una doctrina descuidada, pero esencial
La mayoría de los cristianos piensan poco acerca de la Trinidad, pero una iglesia basada en la verdad de la Biblia se aferrará a la creencia de que el único Dios verdadero e indivisible existe en tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Pero, ¿cómo puede Dios ser uno y tres? ¿Puede Jesús ser Dios si Él ora al Padre? ¿Cómo se relaciona el Espíritu con las otras dos personas? La doctrina de la Trinidad plantea todo tipo de preguntas, y muchos libros han sido escritos para responderlas. Si bien nuestra mente y nuestro lenguaje son inadecuados para comprender realmente la naturaleza de Dios que es la razón por la que los grandes maestros de la iglesia llaman a la Trinidad un “misterio”, debemos entender algunos conceptos clave sobre el Dios Trino que adoramos.
Hay tres verdades fundamentales en cuanto a la Trinidad:
Creemos en un solo Dios. Creemos que Él no es uno de la misma manera que Él es tres. Él es uno en esencia, un ser o como dice Norman Geisler, Dios es “uno que…”
Nuestro Dios existe en tres personas. Dios es uno que, pero tres quién. Son distintas, pero no están separadas de la manera que pensamos en cuanto a individuos que existen de forma independiente. Ellos comparten una comunidad más allá de nuestra comprensión. Actúan en total armonía con una perfecta voluntad divina, sin división, desarmonía o desacuerdo.
Las tres personas son Dios. Entendemos dos de las personas en términos de relación Padre e Hijo, y estas son relaciones eternas. En otras palabras, el Padre siempre ha sido el Padre, y el Hijo siempre ha sido el Hijo. Pero esto no significa que el Padre es más Dios. De igual modo, al convertirse en humano, el Hijo no se convirtió en menos Dios. Él era Dios que se acercó, entrando en nuestro mundo para redimirnos. Y el Espíritu no es una fuerza impersonal; Él es la persona de la Trinidad que se acerca a nosotros ahora, convenciéndonos de pecado, enseñándonos la verdad, y transformándonos a la imagen de Cristo.