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Ejemplo de vida

Uzías: La ruina del orgullo

Cuando nos apoyamos en nuestras propias fuerzas para combatir el pecado o lograr nuestras metas, aseguramos nuestra derrota. Al fin y al cabo, todo lo que adquiramos fuera de la voluntad de Dios termina convirtiéndose en cenizas. Un buen ejemplo de este principio fue el rey Uzías de Judá.

Uzías fue un gran reformador y un guerrero fiero que disfrutó grandes éxitos mientras «persistió en buscar a Dios» (2 Cr 26.5). Este rey habría podido gozar toda una vida de victorias si hubiese mantenido su enfoque en Dios.

Tristemente, Uzías volcó su atención en todo lo que había logrado y cayó presa del orgullo. El resultado predecible fue que su conducta se corrompió y le fue infiel al Señor.

Este rey se dejó alterar a tal punto por su orgullo que creyó estar por encima de la ley y entró al templo para hacer algo estrictamente prohibido por la Palabra de Dios (Éx 30). El Señor hirió a Uzías con lepra por usurpar la labor exclusiva de los sacerdotes y profanar el templo. Además, sufrió una muerte trágica a consecuencia de su pecado (2 Cr 26.16–23).

El orgullo puede llevarnos a lugares donde no nos compete estar, y destruirnos en cuestión de poco tiempo. Si queremos andar con Dios, debemos escuchar cuando Él nos diga que seamos humildes y le obedezcamos.


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