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En la tierra como en el cielo


El proyecto: Los olvidados

Con la edición de este mes damos comienzo a una serie de artículos sobre los excluidos de nuestras iglesias —hombres, mujeres y niños que son tan necesarios para el bienestar de nuestras congregaciones, pero que a menudo no son tenidos en cuenta. En este primer artículo presentamos el fundamento teológico de este proyecto: ese día final cuando todo será corregido, y los hijos de Dios estarán reunidos con Él y sanos en su presencia.

Lo que significa para la iglesia de hoy la fiesta de las bodas del Cordero

por Jessica Haberkern

Cada año, cuando los días comienzan a ser cada vez más cortos y más fríos, un ministerio en Atlanta, que es parte de una congregación local, prepara una fiesta de Navidad para indigentes. No es la típica cena con la que estamos familiarizados. Los miembros de esta iglesia ponen su mejor vajilla de porcelana sobre mesas cubiertas con blancos manteles de lino y sirven una suculenta cena de Navidad. Quienes lo hacen, no lo hacen para ver a las personas necesitadas disfrutar de una buena cena, sino para comerla junto con ellas. El ministerio, bien llamado Lázaro, en nombre del mendigo de la Biblia, se afana por tratar a todas las personas, ya sean que vivan en la calle o en albergues, como seres humanos en condición de igualdad, dignas de amor y respeto, y hechas a imagen de Dios.

Es posible que usted recuerde a Lázaro, el menospreciado de Lucas 16, a quien se le negaban incluso las migajas de la mesa de un hombre rico, por ser considerado de la clase más baja que existía en la sociedad de Palestina. En este pasaje, Jesús describe a Lázaro como un pobre mendigo desfigurado cuyas llagas lamían los perros, mientras yacía a la puerta de un hombre rico egoísta e insensible. Sin embargo, de manera contrastante en el centro de la historia está el corazón del hombre rico, que eligió no ver a Lázaro como un hermano o semejante. Por su suntuoso estilo de vida y su increíble desinterés, Lucas nos dice que el hombre rico fue compensado en el infierno con tormentos (cp. v. 23), mientras que Lázaro fue finalmente consolado en el reino eterno de Dios. El Comentario Bíblico MacArthur nos ofrece una manera de interpretar este pasaje: “A Lázaro le fue dado el altísimo honor de reclinarse al lado de Abraham en el banquete celestial”.

Los teólogos tienen un nombre para esa fiesta; la llaman la cena de las bodas del Cordero. La escena es descrita en Apocalipsis 19, donde la novia, que es la iglesia, está lista para entrar en una relación de pacto con la fuente de su salvación: Jesucristo. Está adornada con hermosos vestidos, de acciones justas y de amor. Hay alegría, comida y bebida, y, probablemente, Lázaro está sentado a la mesa. No el rico. No los fariseos a quienes les es contada la historia. No la élite de la sociedad.

Esta fiesta de las bodas del Cordero es el gran acontecimiento del universo. Es, casi indiscutiblemente, el momento culminante del relato de la creación, milenios después de que el polvo y el aliento se entretejieron para formar la Tierra y sus habitantes. Milenios, incluso, después de que Cristo, el héroe supremo, salvara al mundo al ser clavado en una cruz. Esta celebración es el acto final de la promesa constante de Dios de traer a su iglesia al cielo para vivir eternamente a su lado en el lugar de su morada, y donde Él “enjugará toda lágrima de [nuestros] ojos”. Un lugar donde “ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor” (21.4 NVI). Ni más necesidad material, ni más hambre.

Habrá toda clase de personas en la fiesta de las bodas del Cordero: hombres y mujeres; ricos y pobres; presos; personas que soportaron toda una vida de enfermedad; otros que se esforzaron por difundir el evangelio hasta el último día de sus vidas; y personas como Lázaro. Tengamos en mente este cuadro que nos es descrito en Apocalipsis 19. En éste, nos enfrentamos a una imagen contrastante con la manera como nuestro mundo funciona, e inclusive, nuestras iglesias.

Ha llegado el momento de hacer una pregunta difícil: ¿Qué lleva a un cristiano a ver a otro ser humano como innecesario para el cuerpo de Cristo? ¿Qué hace que trate a alguien de manera diferente -o peor aun, qué hace que ignore completamente a su prójimo? Ser humano es ver y ser visto; oír y ser oído; amar y ser amado. Ver, oír, amar. Este es el lema de los cristianos, tanto en la teoría como en la práctica. Hemos recibido la responsabilidad de ver, oír y amar a nuestro prójimo, así como nosotros somos vistos, oídos y amados por Dios.

Lo que todo esto significa, es que de acuerdo a los preceptos bíblicos acerca del mundo, Lázaro debe ser tan estimado como cualquiera que parezca estar muy seguro de sí mismo y ser exitoso. Tomemos, por ejemplo, la parábola del fariseo y el publicano que oraban en el templo. El líder religioso, que diezma regularmente y que ayuna dos veces a la semana, mira con desprecio a un recaudador de impuestos, quien, por su parte, se golpea el pecho e implora: “Dios, sé propicio a mí, pecador”. La respuesta de éste al Señor, es de verdadero arrepentimiento y humildad. Por el contrario, el fariseo cumple exteriormente con todo, pero interiormente se honra a sí mismo, lo cual es evidente en su oración: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres… ni aun como este publicano”. El Señor Jesús dice que es el hombre -despreciado por casi todos los de la Palestina antigua -quien sale del templo justificado: “Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lc 18.9-14).

El apóstol Pablo también condenó esta actitud. Exhortó a los corintios a interesarse por cada persona de la iglesia, con compasión y sin prejuicios, diciendo: “Los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios” (1 Co 12.22). Sin embargo, generaciones más tarde nos damos cuenta de que todavía somo una cultura con temor a los débiles. Consideremos por un momento la siguiente estadística: el noventa por ciento de los bebés con un diagnóstico prenatal de síndrome de Down son abortados, porque los médicos y los padres temen que la vida de un bebé con necesidades especiales sea complicada e impredecible. No obstante, los débiles que recuerdan a los fuertes su mortalidad, están entre los invitados a la mesa del Señor.

En su libro titulado Surprised by Hope (Sorprendido por la esperanza). N. T. Wright anima a los cristianos a ver que su labor en esta vida tiene una importancia eterna. “Usted no está restaurando una pintura que dentro de poco será echada al fuego, afirma Wright. “No están plantando rosas en un jardín que está a punto de ser destruido por una obra de construcción. Usted está. . . logrando algo que se convertirá, en su debido tiempo, en el nuevo mundo que Dios ha dispuesto que tengamos. Eso puede parecer intimidante, pero a usted no se le ha pedido que lo haga por sí solo. Si usted está luchando con sentimientos de rechazo y condenación hacia personas como Lázaro, ore pidiendo que el Espíritu Santo le cambie su corazón de piedra por un corazón de carne; esa es la manera más efectiva de moldear su mente para la tarea. Al igual que el publicano, venga delante del Rey de reyes humildemente, reconociendo su debilidad y su quebrantamiento. Esto es de importancia crucial para desarrollar la práctica de la compasión, que le permitirá sentir profundamente el dolor y la alegría de otra persona. Pablo escribe: “Si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan” (1 Co 12.26).

Cuando ore delante del trono de la gracia, hágalo de manera osada pidiendo cosas grandes y extraordinarias. El Señor Jesús dijo: “El que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre” (Jn 14.12). El Hijo del Dios del universo está pidiendo en nombre de usted. Por tanto, ¡espere milagros!

Por último me gustaría darle la siguiente sugerencia: comience con algo pequeño. La Madre Teresa de Calcuta dijo que hay que “hacer las cosas pequeñas con un gran amor”. ¿A quiénes puso el Señor en su vida el día de hoy? Comience una amistad con esas personas. Hágales preguntas y descubra las razones de su condición actual. ¿Cuáles son sus necesidades, inmediatas y a largo plazo? Movilice recursos dentro de su grupo de conocidos, amigos y miembros de su iglesia, o utilice su tiempo y habilidades para apoyar a alguna organización que ya se esté dedicando a ayudar personas en situación de indigencia. Con cada acto de compasión que ejercitamos, estamos sembrando el reino de Dios en la Tierra y preparando nuestros corazones para cenar con el Rey de reyes en la eternidad.

 
7 comments
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  • April 14, 2013 03:04 PM

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    es lamentable que nosotros los cristianos nos preocupamos más por nosotros mismos que por aquellos q nos necesitan. Gracias por esta reflexión
  • April 12, 2013 01:52 PM

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    gracias por este comentario estubo hermoso y que el padre el hijo y el espiritu santo esta con todos alelullaaaaaaaaaaa viva el senor
  • April 12, 2013 11:07 AM

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    exelente articulo hermanos deseo que El Señor ponga en mi y todos asi el querer como el hacer que El Señor les bendiga
  • April 12, 2013 10:09 AM

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    dios bendiga este ministerio y al pastor staley
  • April 11, 2013 11:19 PM

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    EXCELENTE . Dios le bendiga ricamente. Gracias.
  • April 10, 2013 11:23 PM

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    Gracias por este articulo. Es bueno siempre acordarnos que debemos construir castillos en el cielo ya que lo que logremos obtener en la tierra no es eterno. Gracias Senor por tus maravilas y tu plan perfecto para nuestras vidas!

  • April 10, 2013 04:15 PM

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    MUCHAS GRACIAS POR COMPARTIR TODO ESTE CONOCIMIENTO, NOS AYUDA Y ENSEÑA A REFLEXIONAR DE TODO LO QUE NOS DA NUESTRO SEÑOR DIOS Y SU HIJO JESUS Y SU ESPIRITU SANTO, DIOS LOS BENDIGA Y LOS GUARDE SIEMPRE.
    CLAUDIA QUERETARO, QRO.

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