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La prioridad de Cristo para su iglesia

Leer | JUAN 17.1-26

15 de enero de 2013

El pecado divide. Fue lo que separó a la humanidad de Dios en el huerto, y sigue fracturando las relaciones. Es también la razón por la que el Señor considera tan importante la reconciliación. Él quiere restablecer su relación con la humanidad; pero los deseos que Él tiene para sus hijos no terminan con la experiencia de salvación. También quiere que su iglesia sea un ejemplo de unidad para el mundo.

La última vez que Jesús oró por sus discípulos antes de ir a la cruz, pidió “que todos sean uno”, así como el Padre y el Hijo son uno (v. 21). Pese al hecho de que no podremos alcanzar la unidad perfecta con Dios hasta que lleguemos al cielo, sí tenemos ahora la capacidad de andar en armonía con Él, viviendo en obediencia al Espíritu Santo que mora en nosotros.

El otro aspecto de la unidad que Dios desea para nosotros, es la unidad de unos con otros dentro de su iglesia. Siempre tendremos diferencias en cuanto a preferencias, y en cómo interpretamos ciertos pasajes de la Biblia, pero nuestra identidad común en Cristo está basada en las verdades fundamentales de la fe, tal como están reveladas en la Palabra de Dios. La unidad por la que Cristo aboga, es posible solamente cuando cada miembro de su cuerpo anda en obediencia al Espíritu Santo, para que todos puedan alcanzar los propósitos de Dios y reflejar el carácter de Cristo en su conducta.

Pídale al Señor que le dé el deseo de buscar unidad. Cuando esté tentado a exigir que las cosas se hagan a su manera, recuerde lo que está en juego. La armonía en la iglesia le permite a Dios hacer su trabajo con efectividad, pues ella da la clase de testimonio que dirige al mundo perdido hacia Cristo.

 

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