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El control de nuestros deseos

Leer | 1 CORINTIOS 9.24-27
Marzo 14, 2012

¿Qué palabras utilizaría usted para describir a nuestra sociedad? Materialista, carnal, impaciente, indulgente, indisciplinada, son solo unas pocas. También somos una cultura de "tengámoslo ya". Satanás se especializa en mostrarnos oportunidades para la satisfacción inmediata, al mismo tiempo que nos promete que el complacer nuestros deseos nos dará el deleite que buscamos.

Los deseos humanos no son pecaminosos por sí solos. En realidad, son dados por Dios. Sin embargo, debido a nuestra debilidad carnal, tienen que ser controlados. Cuando nuestros apetitos nos gobiernan, estamos en problemas. Pablo comparó la vida cristiana a la de los atletas que están tan centrados en ganar la carrera, que ejercen autocontrol en todos los aspectos de su vida.

Así es exactamente como estamos llamados a vivir, pero nos falta la determinación y el poder para hacerlo con nuestras propias fuerzas. Por esta razón, tenemos que confiar en el Espíritu Santo que mora en nosotros. Si rendimos nuestras vidas a Él, y obedecemos su guía, podremos decir no cuando nos sintamos abrumados por los deseos carnales (Gá 5.16).

Otra clave para el éxito es centrar nuestra atención en lo eterno, en vez de lo temporal. Muchas decisiones que parecen triviales son, en realidad, espiritualmente importantes.

Cuando el enemigo nos tienta, él trata siempre de mantener nuestra atención puesta en nuestro deseo, en vez de las recompensas eternas y las bendiciones que estaremos perdiendo. Solo recuérdese a sí mismo la rapidez con que se desvanece la satisfacción inmediata, y cuán larga es la eternidad.

 

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