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Dios es nuestro Padre

Leer | EFESIOS 2.4-10

15 de junio de 2013

De los muchos nombres de Dios en la Biblia, uno es especialmente consolador para mí en los momentos difíciles. ¡Qué maravilloso privilegio tenemos de poder llamarlo nuestro Padre celestial!

Ahora bien, sé que en la cultura de hoy, las relaciones familiares muchas veces no reflejan el corazón de Dios. Muchos padres son distantes, desatentos o crueles con sus hijos. Si esta fue su experiencia, puede resultarle difícil comprender el amor incondicional del Padre celestial. Veamos lo que significa ser adoptados por Él y el privilegio de llamarle “Padre”.

Primero, somos de Él. Encontramos mucha confianza y sentido de valía en esta verdad, pues la conciencia de que le pertenecemos llena una necesidad muy profunda que tenemos.

Segundo, nuestro Dios quiere relacionarse estrechamente con nosotros. Debemos ser sinceros al orar, porque el Señor nos acepta tal como somos. Por su amor, el Señor responde revelándose a sí mismo a nosotros de muchas maneras, y da palabras de vida, de paz y de gozo a nuestros corazones.

Tercero, Cristo nos ha prometido su eterna presencia. Después que fuimos salvos, nada puede separarnos de Él; ningún pecado es tan grande, y ninguna maldad tan poderosa.

Por causa del pecado, merecíamos la separación de nuestro Creador. Pero, por su gran amor, Dios nos redimió y adoptó en su familia. Ahora somos sus hijos, y podemos gozarnos en su aceptación incondicional y en su presencia eterna. No importa la clase de padre terrenal que hayamos tenido, podemos contar con el cuidado de nuestro Padre celestial.

 

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